Tour de Francia 2015

Los últimos viajes a Turquía, Tailandia y Portugal difícilmente podían ser superados por el plan de este verano. Sin embargo, para mi sorpresa, el itinerario de este año también resultó ser reseñable. Salimos de Madrid rumbo a Carcassonne, Francia. La idea era llegar a Besançon, cuna de Víctor Hugo, pero los  1,500 km de conducción (poco menos) requerían una parada estratégica. En el coche la tripulación consistía en: Ana, como copiloto, Oli (la perrita), como pasajero, y servidor, como capitán. Sin olvidar un equipaje que me recordaba a mis viajes cuando R.IV era un bebé; es decir lo que menos bulto hacía eran las maletas de los adultos (humanos).

Carcassonne es una pequeña ciudad al sur de Francia. El encanto de la villa está en que es una ciudad amurallada, en cuyo interior uno puede recrear la bulliciosa vida medieval. La diferencia es que en lugar de mercados y aldeanos, ahora está plagada de terrazas y turistas. Aún así el lugar es mágico; una mezcla entre Ávila, por sus murallas, y La Guardia, por sus casas medievales. Llegamos hacia las siete de la tarde y después de hospedarnos, fuimos a practicar nuestro deporte favorito: cenar. Como me gusta probar los platos típicos de los sitios no quise desaprovechar la oportunidad de comer el Cassoulet; un guiso de judías blancas, chorizo, pollo; algo ligerito para cenar, vamos. También comenzamos con la degustación de vino francés. Sabrá el diablo cómo se llamaba el vino, pero no estaba nada mal, especialmente después de ocho horas de carretera.

A la mañana siguiente, ya en mood vacaciones, disfrutamos un poco de la piscina del hotel. Tuve mis primeros minutos de contacto con el azul acuoso, mientras flotaba de espaldas para poder contemplar el azul etéreo. La cabecera de agua amortigua el sonido, así que sólo me dediqué a mirar y mirar y a olvidarme de todo lo demás. He de decir que Ana se ha esmerado en la selección de los sitios en los que nos hospedamos. Todos, además de permitir perros, estaban dotados de comodidad, diseño y buen gusto. Desayunamos dentro del pueblo amurallado, donde pudimos ver brevemente la gran cortesía con la que se conducen los ciudadanos de esta ciudad y partimos rumbo a nuestro destino.

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Vista exterior de Carcassonne

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Murallas de Carcassonne

Después de otras seis horas de carretera llegamos a Besançon. Alquilamos un pisito a través de airbnb (excelente forma de viajar) justo en el centro de la ciudad. La idea de este lugar, catalogado por nuestros amigos franceses (no sin cierto menosprecio) como el Badajoz de Francia, era visitar a mi amigo Piñeyro y su mujer Audrey que acaban de tener una hija hace unos meses. Así que gran parte del divertimentos durante esos diez días estuvo acompañado de buenas cenas (Piñeyro es un gran cocinero), sin olvidar las buenas dotaciones de vino francés. También pudimos conocer la forma de vida de la Francia más rural; ya que tuvimos la oportunidad de visitar la casa de los padres de Audrey en una pequeñísima localidad en medio de la Campaña francesa. Cabe decir que su familia nos trató de forma espectacular; desde aquí mis recuerdos a todos.

Besançon, a diferencia de lo que dijeron mis queridos parisinos, es una ciudad hermosa. No por nada en 2008 fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con una arquitectura que no había visto en otra ciudad; lo cual tampoco es extraño con todo lo que me falta por conocer. Edificios señoriales de un tipo de piedra blancuzca y tejados inclinados de tejas; según he leído corresponde a un estilo hispanomusulman (pero desde luego yo no he visto nada así en los edificios españoles).

La ciudad está casi rodeada (en una especie de herradura) por el río Doubs. Voy a echar de menos salir a correr por las mañanas bordeando el lecho del río y ver el reflejo verde de la tupida vegetación que rodea la villa. Está sitiada por la Ciudadela que es una fortaleza antigua de la que se domina todo el Valle. Ahora se le ha dado otro uso cultural: han puesto una serie de museos—entre los cuales sobresale el Museo de la Resistencia que hace un recuento histórico de la ocupación Nazi en Francia— y un zoológico.

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Panorámica de Besançon, desde la Ciudadela


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Río Doubs

Otro de los atractivos de la ciudad, además de sus mismas calles, plazas y parques, son dos museos: La casa natal/museo de Víctor Hugo y el museo del Tiempo.  En el primero se puede conocer la vida y obra del afamado escritor. Me gustó mucho recordar episodios de Los miserables (una de mis obras preferidas). No pude evitar soltar algunas lágrimas, pues el museo muestra discursos políticos que dio Víctor Hugo sobre la urgencia por fomentar la educación del pueblo, el erradicar por completo la pobreza y otros temas fundamentales; un verdadero ilustrado. Con el apoyo de ONGs como Amistía Internacional, Unicef y otras, dejan ver que el mundo sigue estando plagado de miserables. Por tanto, entremezclados con la información de la vida y obra de este autor, esparcidos por las salas aparecen pequeños reportajes y documentales que muestran la situación acusante de sitios como África, Sudamérica, el Sureste Asiático, etc. El museo del tiempo también tiene su encanto. Su objetivo principal es hacer un repaso histórico de la relojería, sin embargo el museo guarda también impactantes pinturas, tapices y otros objetos de interés (entre ellos un enorme péndulo de Foucault).

Otra atracción de Besançon son sus iglesias, de las cuales tengo de resaltar la Église Sainte-Madeleine. Parte de la decoración la compone una serie de esculturas sobre la crucifixión y asunción de Cristo. Unas joyitas.

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Église Sainte-Madeleine

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Esculturas en el interior de la Église Sainte-Madeleine (tengo la colección entera para quien esté interesado; estaré encantado de enviarle más fotos)

Hicimos un par de excursiones. La primera fue a Dôle, ciudad natal de Louis Pasteur, y la segunda a Arbois, donde vivió este científico. Lo primero que se puede ver es por qué se le llama La campaña francesa. En el trayecto a estas dos ciudades, campo en todas las direcciones hasta donde alcanza la mirada. Una serie de verdes, de cultivos, de bosques y de animales domésticos. Zona rural por excelencia.

Dôle es una pequeña villa que no le envidia nada a las ciudades holandesas. Con su río, sus barquitos, su catedral, calles empedradas y sus restaurantes con terrazas. Arbois es más turístico, pero tiene su encanto; uno de ellos el ser una zona vinícola. Pero lo que más me gustó de Arbois fue su iglesia, Saint-Just. Muy pequeña, pero realmente maravillosa; quizá una de las mejores que he visitado en mi vida.

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Dôle

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Dôle

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Iglesia de Saint-Just, Arbois

Después de nuestras estancia en Besançon nos dirigimos a Galicia, pero antes hicimos otras paradas reglamentarias. La primera de ella fue todavía en Francia, en Saint-Emilión. Otra región vinícola de la que pudimos traer algunas muestras que tendremos que descorchar en algún momento. Es un pueblo pequeño, con edificios que se me antojan del Medioevo. Es un poco turístico, pero en parte esto hace que toda la gente que habita el pueblo y que vive de los visitantes sean extremadamente amables. Está rodeada por viñedos y su iglesia también es bastante impresionante.

WP_20150813_19_14_26_Pro Viñedos de Saint-Emilión

Dejamos Francia para llegar al País Vasco y comer en Mendaro con unos amigos de Ana. Había estado en Bilbao, San Sebastián y alguna otra localidad vasca, pero no en el País Vasco profundo y eso es lo que es Mendaro.  Me quedé impresionado de que fuéramos las únicas personas que hablábamos castellano en la terraza de uno de los restaurantes del pueblo. Mi sorpresa puede deberse a que el euskera es muy diferente del español; si no lo hablas no hay manera de entender una palabra. Me encantó que los hijos de nuestros amigos podían cambiar de uno a otro idioma con suma facilidad; con sus padres hablaban siempre en euskera y con nosotros en castellano. Los pequeños parecía no importarles saltar de uno a otro dependiendo la necesidad.

De ahí fuimos a Cantabria a un pequeño hotel rural en Herrerías. El sitio parece estupendo para excursiones por la montaña o simplemente para alejarte de la civilización. Nosotros sólo íbamos de paso, así que nada de paseos y el resguardo rural nos duró tan sólo una tarde y unas horas por la mañana. En el sitio se respiraba una tranquilidad de lectura y meditación. Cenamos una tablita de quesos de la región, como recomendación de la camarera andaluza. Curioso escuchar su acento alegre y sonoro en esas latitudes.

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Hotel Rural de Herrería

Al siguiente día fuimos a Ribadesella a comer con mi tía Bonfilia. He de reconocer que Asturias se ha convertido en un lugar que activa mi fibra sensible. El día era estupendo: un cielo azul y un sol en lo alto que bronceaba los cuerpos de los bañistas. Sin embargo, he de reconocer que me gusta más el cielo plomizo y mejor si viene acompañado de un orvallo. En mi recuerdo esta ciudad se tiñe de amarillo gracias a la niebla que lame las farolas del solitario paseo marítimo. Así que si quiero revivirlo tendré que volver a ese sentimiento en alguna visita invernal. En cualquier caso la comida con mi tía, Alberto (el monstruo), Ina y Alicia, ha sido simplemente entrañable. Preparé una conferencia  por skype  para que mi tía Bonfilia hablara con su hermana, mi abuela, que vive en México. No se han visto en cerca de veinte años (una larga historia). Ha sido una agradable sorpresa para ambas.

El viaje terminó en Palmeira, un pueblo a unos 80 km de Santiago de Compostela, Galicia. Se encuentra en la más baja de las Rías Altas. Dado que la familia de mi mujer me tiene expresamente prohibido dar más información sobre esta localidad, tan sólo he de decir que he comido de forma excelsa (pulpo, mejillones, almejas…) y disfrutado de ese microclima que permite bañarte todos los días en sus fabulosas y no plagadas playas.

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Palmeira

Y ahora sí, con las fuerzas recobradas, a comenzar este año nuevo…

R.III

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R.III con su amigo Víctor Hugo

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Si te ha gustado esta entrada, no dejes de visitar: Tailandia: algunas anécdotas, Viaje a Portugal o Bangkok

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®R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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