Viaje a Portugal

“La felicidad, sépalo el lector, tiene muchos rostros. Viajar es probablemente uno de ellos. Entregue sus flores a quien sepa cuidar de ellas y empiece. O reempiece. Ningún viaje es definitvo.” 

José Saramago, Viaje a Portugal.

No se equivoca el bueno de Saramago. ¿O puede ponerse en duda el placer que goza el alma de una persona cuando sale de viaje? Por mi parte, la alegría que sentí al coger el coche y echarme a la carretera con Portugal como destino, todavía, ahora ya de vuelta, sigue transmitiendo un escalofrío de emoción por mi espina dorsal. Un viaje que comienza en España, pues es el único sitio desde donde se puede entrar en Portugal si se viene en coche. Así, que para comenzar, una parada para comer en La Alberca, Salamanca, no puede antojarse como mejor opción. Tan sólo unos kilómetros más adelante, no llegan a cien, se pasa una casetita que recuerda los controles de extranjeros en aquella época cuando lo que ahora es la Comunidad Europea dividía sus fronteras. Una carretera similar, pero diferente. Nuevas señales y un peaje que hasta ahora desconocemos (Ana, compañera de Viaje -en esta vida, no sólo de viajes en minúscula- y yo.) cómo pagar. ¡Ah! qué hubiera pasado si nos hubiéramos metido por esas casetitas de la derecha que en varios idiomas indicaban al extranjero la obligación de pasar por ellas. Pero yo, que además de venir de España soy mexicano, me las salté por accidente; y saltadas al fin de cuentas, ya nunca supimos cómo rendir tributo por permitirnos el paso por la dichosa autopista portuguesa. Ahí se queda la duda (y espero que se quede en eso y no en una multa que viene viajando en dirección contraria).

Así se llega a esa ciudad de calles empinadas, mosaicos y grandes monumentos: Oporto. Qué precioso se ve desde aquí el Douro o Duero, un río que no conoce de fronteras, ni de idiomas, a él le da igual cómo le llamen mientras llegue incólume al mar. Lisboa está a unos 200 kilómetros de Oporto (nótese que todo lo estoy escribiendo al vuelo sin parar en rectificar datos absurdos; prefiero los de mi recuerdo).  Así que una parada recomendada puede ser Óbidos; un pueblo amurallado que parece de fantasía. Desafortunadamente, por la época vacacional, tan de fantasía parecía que te sentías en Disneyland con tanto turista. No importa, la impresión de viajar al pasado la tienes asegurada.

Lisboa para mí es música, callejuelas, escaleras y pendientes que siempre guardan una sorpresa digna de inmortalizar con la cámara. Y excelente cómida. Hay que saber buscar, pero incluso equivocándose te podrás dar un atracón de arroz con polvo (pulpo) digno de cualquier estómago primitivo como lo es de quien escribe esta reseñita. Y pescado, todo el que quieras, pero Portugal es especialista en el Bacalao. Lo preparan de cientos de maneras (literalmente) y todo a un precio al alcance de un bolsillo modesto.

Ya estando en Lisboa se puede ir de excursión de un día a dos sitios muy cercanos (no llegan a 30 kilómetros). Sintra y Cascais. El primero es nuevamente un pueblito de ensueño, con su castillo mágico decorado hasta la saciedad en medio de un bosque precioso (quítese a los miles de turistas y se podrá vivir un remanso de paz). Cascais es un destino playero, también con su castillito (cómo no, si se habla de Portugal) y su pueblo perfecto para hacer esa vida playera tan recurrente en occidente (dormir, tumbarse al sol, nadar y comer).

Y vámonos para el sur con el objetivo de llegar a Lagos, en el Algarve. Prevenidos de la cantidad de turistas que se podrían reunir, siendo el Algarve uno de los destinos predilectos de los europeos, íbamos. Pero también mentalizados de lo maravilloso de sus playas y sus pueblos. Lagos, efectivamente puede ser un horror en agosto por la cantidad (y calidad) de sus visitantes, pero nuestro hotel estaba en un sitio más bien alejado del pueblo y muy cerca de la Praia (playa) de Mos. Antes de llegar, para seguir nuestras costumbres viajeras, paramos en Vila Nova de Milfontes, que promete como un sitio agradable para quedarnos en otra ocasión (siempre hay que dejarse un motivo por el cuál volver a un país del que te enamoras). Un pueblo más bien tranquilo, con playas preciosas de aguas calmadas (porque el mar en esta zona del atlántico es más bien movidito). De Lagos partimos en excursión a Sagres para visitar el Cabo de São Vicente; la punta más al suroeste de Europa. Es el último punto que veían los marineros antes de lanzarse a la aventura hacia tierras americanas. De Lagos fuimos a Tavira (a tan sólo 40 km de Huelva, España) que nos sorprendió para bien. Sin dejar de ser turístico es muy tranquilo y tiene unas playas a las que sólo se puede llegar en barquito, pues están en la Ilha (isla) de Tavira que son grandes extensiones de arena, sol y mar.

Todo lo bueno termina, pero no sin antes parar una noche más en Évora. Una ciudad que respira cultura y culturas. En ella se encuentra uno de los mejores templos romanos (del s. II ó s. III) que se conservan en la actualidad, así como un acueducto  y unas termas recientemente halladas (por ahí del 87) también romanas. Pero además lo rodea una murallas en casi perfecto estado del s. XVI que podíamos ver desde nuestro hotel y una serie de iglesias de las que sobresale la Igreja de São Francisco, porque tiene una capilla que atrae a los más morbosos (como es, nuevamente, el que escribe estas líneas) que se llama la Capela dos Osos (y es que con osos no quieren decir animales gruñones, sino “huesos”). Una espeluznante capilla hecha con los huesos y calaveras de unas cinco mil personas. Realmente es macabro ver tantísimo esqueleto organizado para formar columnas y adornos: “Nosotros los huesos que aquí estamos, a los vuestros esperamos”.

Y para no dejar caer la sensación de estar empapados de cultura, ya entrados en España y con el bajón del regreso, nada mejor que una breve parada en Mérida para comer unas migas y ver unos de los teatros Romanos mejor conservados del mundo.

Fin de la travesía (por ahora)…

R.III

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La Alberca, Salamanca, España.

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La Alberca, Salamanca, España.

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Igreja Do Carmo, Oporto, Portugal.

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Río Douro, OPorto, Portugal

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Nazaré, Portugal

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Nazaré, Portugal

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Óbidos, Portugal

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Óbidos, Portugal

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Un tranvía (que no el 28) de Lisboa.

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Bebiendo Oporto en Lisboa. Música en cada esquina.

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Sintra, Portugal

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Sintra, Portugal

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Praia de Sagre, Algarve, Portugal.

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Cabo de São Vicente, Algarve, Portugal

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Templo romano, Évora, Portugal.

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Capela dos Osos, Évora, Portugal

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Teatro Romano, Mérida, España.

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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