Cerrado por vacaciones II

Para los que trabajamos en el mundo académico los años no comienzan el uno de enero, empiezan en septiembre. Y la transición de un año a otro no dura doce campanadas acompañadas de uvas, sino que se aglutina en un espacio temporal llamado “vacaciones”. Por esta razón, yo estoy ahora cerrando mi año y haciendo mis propósitos para el que viene, al que no puedo evitar poner dos cifras: 2015/2016. Así he medido el tiempo desde que tengo uso de razón; ya fuera por ser estudiante y ahora por ser profesor.

Esto viene a colación porque no se me puede ocurrir mejor cierre del curso que el de esta semana. Este verano he tenido la suerte de compartir aula con una profesora y amiga a la que quiero mucho desde hace muchos años: Amparo Ángel. Toda una institución en el centro universitario con el que colaboro. Cuatro asignaturas de literatura en plan intensivo (todos los días tres horitas); que para los que me conocen y saben de mis pasiones y amoríos, ya se imaginarán que he disfrutado a lo grande. En especial porque en verano los alumnos extranjeros que vienen a este tipo de cursos suelen tener mucho nivel (tanto intelectual, como lingüístico). Una de las últimas clases que dimos  fue la de Narrativa Contemporánea. En ella trabajamos un libro de Luisgé Martín llamado Los Oscuros. Un libro de relatos ahora muy difícil de conseguir, que fue la ópera prima de este autor (quien se ha convertido en una de mis referencias literarias). La compilación de cuentos es una joyita, por lo que es altamente recomendable.

Pero como iba diciendo, no puedo imaginar mejor cierre que el dar fin a esta asignatura con la visita del mismísimo Luisgé a clase. Lo ha hecho con absoluta libertad y valentía, pues no se ha cortado en transmitir su idea sobre ciertos aspectos que muchos compartimos, pero que quizá no nos atreveríamos a admitir. Desde que llegó y se sentó en una de las mesas del aula, los temas fueron fluyendo con soltura: el libro en cuestión, el período en que lo escribió, su idea sobre la literatura, el amor, lo sórdido. Entre los temas que quiero rescatar hoy, aunque no se pueda decir que es especialmente auténtico, es su reflexión sobre el amor o el enamoramiento (aspecto fundamental para la confección de Los oscuros). Este enamoramiento, según Luisgé, sólo se vive con verdadera intensidad cuando se es joven e inexperto. Un período cuando uno exagera el sentimiento y por consiguiente lo sufre. Esta etapa es de completo desasosiego, porque cuando uno lo tiene y es correspondido, sabe que en cualquier momento puede desaparecer y esa idea nos aterroriza, por otro lado, cuando no se es correspondido, la desazón se convierte en una angustia terrible. Con los años esa idea de las relaciones personales va disminuyendo, la vamos banalizando; casi como una autoprotección, porque un desasosiego de estas dimensiones, y de forma perenne, nos enloquecería. Por esta razón, en la madurez el amor ya no es esa fiesta de colores y emociones, pero no por eso deja de ser algo que valoramos con todas nuestras fuerzas. La buena convivencia, la estabilidad, la realización propia y de la persona amada, el proyecto de vida, etc. se imponen a las mariposas en el estómago.

Pero a veces creemos que nuestra vida, más bien convencional y hasta conservadora, no merece la pena. Creemos que esa rutina, parecida al tedio, es justo aquello que no queríamos para nosotros. La estabilidad, los niños, un buen trabajo y una serie de adquisiciones materiales, parecen no estar a la altura de las mariposas en el estómago. ¿Qué hacer? La misma ciudad, otra novela de Luisgé, nos brinda ciertas pistas. Porque si realmente renunciáramos a toda esa estabilidad y cambiáramos de vida. Si consiguiéramos el amor (o amores), el reconocimiento, la fama, la aventura… y dejáramos detrás todo eso que creemos nos retiene de la felicidad, quizá averiguaríamos que tampoco eso nos brinda la dicha, por muchas mariposas que sintamos. Dejo aquí la reflexión que quizá otro día profundice.

Por el momento me alegro y hasta pienso que es bonito saber que a veces podemos sentir esas mentadas mariposas con la literatura y con charlas sobre este tipo de temas. Pero entre tanto cierro por vacaciones y espero que el próximo año abra tan estupendamente como hoy culmina éste.

 

R.III

 

***

**

*

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Buda recostado

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Vacaciones

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Oporto blanco

***

**

 

*

 

 

*

Anuncios

Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

2 responses to “Cerrado por vacaciones II

  • Roberto Martínez Contreras

    Amor, es una palabra que hemos desnaturalizado. Es preciso inquirir sobre, ¿qué es el amor? ¿cual es su naturaleza, su origen?

    Me gusta

    • Ramón Ortega (tres)

      Creo que la palabra amor nunca hemos llegado a asirla. Al ser un concepto metafísico escapa a nuestra capacidad de nombrarla (como diría Wittgenstein) y por tanto de conocerla. Por tanto, sólo podemos creer que existe a partir de nuestras propias experiencias, lo que leemos y lo que llanamente nos cuentan otros. ¿Es suficiente? No creo… pero es lo que tenemos.

      Gracias por el comentario Roberto.

      R.III

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: