Atención al Cliente (parte I)

Sucede que un día te levantas esperanzado y después de haberte acicalado y despejado, corres hasta tu ordenador, lo enciendes y le das a ese icono (“e”) que supuestamente te llevará por los inagotables caminos de Internet.  Después de un par de minutos aparece en tu monitor el mismo mensaje que te ha estado apareciendo durante las últimas dos semanas: “No tiene conexión a la red”. Tu esperanza se ha roto a primera hora ¡qué puedes esperar del día que te espera! Molesto por la continua incidencia, decides volver a llamar a la “Atención al Cliente” de la compañíatocalaspelotas con la que tienes contratado este servicio.  Como has estado llamando a lo largo de esta semana y la anterior, tu humor no es precisamente el de un dócil ratoncito, sino el de un encolerizado león.

Marcas el número que ya dominas de memoria. Sabes que para poder hablar con otro ser humano, tendrás que sortear las instrucciones que te dictará una voz sin alma antes de poder “pasarte con un operador”. Hoy no estás de humor para ir repitiendo irónicamente las promociones que la máquina te va contando y que tú aprendiste a la segunda o tercera vez que llamaste a esa puñetera “(mala)atención al cliente”; de hecho lo único que estás haciendo es insultar a la máquina con la certeza de saber que ella no está programada para regresarte el insulto. Llega el momento que más odias; la inmutable voz te dice: “Por favor, díganos la razón de su llamada”. Y tú contestas “Quiero acosar a insultos al hijoputa responsable de que mi problema no se haya resuelto después de mis insistentes llamadas” y la respuesta de la grabación es: “Por favor indíquenos la razón de su llamada”. Entonces tu vuelves a la carga un poco más calmado y dices: “Quiero poner una reclamación” y la contestación que recibes es: “Para poder pasarlo con un operador es necesario que nos indique el motivo de su llamada”. Claro, en ese instante quieres ahorcar esa voz que no tiene cuello, pero sabes que ya ni los insultos tendrán consecuencias positivas, así que te concretas a repetir de la manera más clara y en un perfecto castellano “Quiero poner una reclamación” y en respuesta consigues “En un momento lo pondremos con uno de nuestros operadores”… Música…

Después de la música te preparas para expresarle a un operador (de los cientos que tendrán) una vez más tus problemas; porque obviamente, él no conoce tu incidencia específica. Él no sufre las consecuencias diarias que tú tienes que sobrellevar por no tener Internet. Él no sabe de todas las veces que has llamado y probablemente tampoco le interese. Para él tú eres un número más y para ti él es otro más de los monigotes a los que tendrás que sortear a lo largo de tu llamada, antes de pasarte al departamento indicado para “intentar” resolver esos problemas que llevan “intentado”, más de una semana resolverte. Todo esto lo anticipas, así que cuando el dichoso trabajador contesta, te concretas a decir lo más brevemente tú situación, pero a diferencia de otras veces, le pides algo que crees definitivo: “Quiero dar de Baja el servicio”. “Muy bien señor, lo paso con un agente comercial”, te responde, sin más.

Al agente comercial, milagrosamente y por primera vez en todas las llamadas que has hecho hasta entonces, no le tienes que informar de nada. Él sabe quién eres, él sabe tu problema, él entiende que quieras dar de baja el servicio y lo más impresionante de todo: Él te propone una solución apetecible. Te dice que, si a ti te parece bien, puede saltarse al departamento de asistencia técnica y enviar directamente a un técnico a tu casa para revisar tu incidencia. Tú, que no eres tonto, preveías este comportamiento y por eso mismo habías decido acudir al departamento de bajas, sin embargo no quieres dar tu brazo a torcer tan fácilmente y le sentencias: “Yo sólo aceptaré su oferta si me garantiza que el técnico va a venir hoy para solucionar mi problema, porque de no ser así, no quiero perder más el tiempo y prefiero darme de baja ahora mismo”. El agentedelomasatento te dice que esa es su oferta y que está garantizada, pero qué eres el cliente y eres el que tiene la opción a decidir cómo proceder ahora. Tú cedes nuevamente y dices que esperarás al técnico. Se dan las gracias y cuelgas.

Después vuelves al ordenador, abres el word y escribes un relato que titulas “Atención al cliente” esperando poder subirlo a tu nuevo blog.

R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

11 responses to “Atención al Cliente (parte I)

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