Culto a la muerte

Ayer vi un documental llamado “La niña blanca” que trataba sobre el culto a la muerte que existe en México. No se refería a lo que ha estado asociado ancestralmente a este país, como es el festejo del día de muertos (del 1 y 2 de noviembre), las ofrendas de alimentos y bebidas que se les ofrece estos días a los difuntos, ni siquiera sobre las calaveras de José Guadalupe Posada (que representa a este ente interpretando distintas actitudes de la vida y sociedad mexicana). Pero no, el documental trataba de una actitud religiosa que honra a la muerte, “la niña blanca”, como un ser sagrado. Han santificado, al estilo católico, a la muerte. La conciben como una especie de ángel que no sólo se llevará a las personas a un estado mejor, sino que decide lo que es justo en sus vidas antes de que llegue este inevitable destino.

 

La práctica comienza cuando se decide vestir a “La Santa Muerte” como se viste a las vírgenes católicas. Y al igual que en las procesiones, a ésta se le saca desde su altar para dar un paseo por las calles de la Tepito, en la Ciudad de México (sitio iniciador de este culto que ya comienza a propagarse a otros rincones del país). Debido a que la Iglesia católica no reconoce este culto, el centro de peregrinación no es una iglesia, sino la casa de la señora Enriqueta Romero donde se encuentra el altar de La Niña Blanca, convirtiéndose así en uno de los mayores sitios de culto religioso en México. 

 

La gente que profesa este culto no le teme a la muerte; le teme a la vida. La vida les ha mostrado diferentes formas de penar; les ha enseñado el sufrimiento, la pobreza, la miseria. La “justa” muerte volverá a colocar esto en orden y no reconocerá ni la posición social, la riqueza o la fama de las personas; pues ella vendrá a llevarse a todos por igual.

 

¿Por qué hacer un culto a la muerte? Quizá porque la muerte es un hecho real; su existencia es incuestionable.

 

¿Pero por qué no a la vida? La ciencia moderna nos ha mostrado que los seres vivos estamos sometidos a las mismas leyes que rigen todo el universo. Conforme se ha ido avanzando en el conocimiento científico, se ha comprendido que incluso los seres vivos estamos formados por las mismas partículas por las que está formada el resto de la materia que conforma el universo. Si partimos de estas premisas y echamos un vistazo a ese basto universo conocido, nos daremos cuenta que la mayor parte de esta materia permanece inerte (o sea, sin vida). Lo natural es que el universo esté muerto; la vida es el mayor enigma de nuestra ciencia. El hecho de por qué en un momento dado de la historia de nuestro Universo ha brotado vida –una vida que nos parece “normal”, por cierto- es lo que no se ha sabido justificar satisfactoriamente. De pronto la vida surge a partir de la misma materia inerte y en un momento dado, esta vida vuelve a su estado natural: la muerte. Los seres vivos nos volvemos a convertir en materia inerte. Desde esta perspectiva no me parece tan raro que exista un tributo por la muerte con valor en sí mismo.

 

Pero además el pueblo mexicano cómo va evitar encontrarse en una perpetua búsqueda espiritual con todo lo que ha sufrido a lo largo de su historia. Una búsqueda tan peculiar como es el tener sus raíces religiosas ancladas a una cosmología prehispánica y a un catolicismo impuesto y tatuado a fuego en su piel. Este sincretismo se ha derivado en un cúmulo de creencias y supersticiones de amplísimo inventario. ¿Por qué no la muerte? Algo tendrá que ver que México sea ahora un país donde la vida ha perdido significativamente su valor. En los últimos cinco años han fallecido más de 50 mil personas debido al narcotráfico. La parca con su guadaña te puede llamar en cualquier rincón del mundo, pero parece que de México se ha enamorado. Quizá por eso también haya mexicanos enamorados de ella y le rindan culto. Habrá que esperar para ver hasta dónde se consolida esta tradición de la Santa Muerte (que nuevamente puntualizo, poco tiene que ver con “El día de Muertos”). Finalmente, entre Dios y la muerte, sólo tenemos la certeza de que ésta última sí que existe…

 

R.III

 

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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