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El mundo es un barco: la triste historia de Aylan

Llevo más de un año queriendo escribir unas reflexiones que considero elementales sobre la inmigración. Aunque constantemente compruebo –por comentarios que escucho, por los medios de comunicación, ciertas declaraciones políticas, etc.–, que muy elementales no deben ser, pues me da la impresión de que el gran público las ignora o las quiere ignorar. Me duele seguir presenciando ese discurso tan simplista de que la inmigración es uno de los principales males de un país, especialmente en tiempos de crisis. Esa manida idea de que estos individuos vienen a quitarles el trabajo a los habitantes de un estado y a gozar de sus servicios sociales. La idea, ya no tan reciente, de equiparar a un inmigrante indocumentado con un delincuente. Sin olvidar esa vieja excusa de que no podemos acoger a toda esa gente y que es inevitable que en el mundo exista miseria, guerras y otros terribles avatares de los que estas personas intentan escapar. Todas estas peroratas usadas por la extrema derecha (y la no tan extrema) consiguen implantar ideas de fácil enraizamiento en un número muy alto de personas. Es cierto que, por otro lado, el discurso al que yo quiero llamar elemental, no cuenta con esas premisas simplonas que crean una impronta en las mentes débiles y sin juicio. Tal vez, porque para ellos es más sencillo mirar hacia otro lado, cuando de lo que aquí estamos hablando es de una violación de los derechos intrínsecos a todos los seres humanos (porque son humanos con independencia de su origen).

Al final me he decidido a tratar el tema debido al éxodo Sirio que comenzó ya hace unos meses. Sé que no es exactamente el problema de la inmigración al que estamos acostumbrados, sin embargo encuentro más similitudes que diferencias. La sobrecogedora historia de Aylan, el niño sirio que murió ahogado y apareció en una playa de Turquía, ha tenido una gran repercusión mediática, pero no es la única. Otras historias llegan a nuestros oídos a través de los medios de comunicación. Por hablar de España, hace un año los episodios lamentables de otros inmigrantes subsaharianos ahogados por evitar los disparos de pelotas de goma a manos de la Guardia Civil cuando se acercaban nadando a la orilla. También el tema de las cuchillas en la valla de Melilla, que no sólo no evitan o disuaden los intentos de paso de cientos de inmigrantes, sino que sólo derraman más sangre sobre una situación que no se soluciona con la criminalización de estas personas. En cualquier caso estas son las anécdotas que nos impactan y generan cierto debate. Sin embargo, allá afuera se juegan la vida miles de personas todos los días huyendo de situaciones tan terribles, que los riesgos les parecen pocos siempre que exista una pequeña esperanza de mejoría.

De todas formas me sorprende presenciar las soluciones que se plantean, pues al igual que los discursos, también me parecen simplistas o con un carácter tan urgente que me resultan muy complicadas de llevar a cabo sin que existan problemas relacionados con la falta de recursos, la planificación y la coordinación de medios y personas. Acciones precipitadas que van desde La red de ciudades de acogida, hasta otras más disparatadas como la comprar de islas para crear albergues. Estas medidas demuestran la poca consciencia que existe en el mundo sobre esta problemática. Se tiene por un lado ideas radicales que consideran que es mejor proteger a un país ante la invasión de inmigrantes, ya que no se puede solucionar los problemas del mundo y, por otro, una serie de parches (ya sea por altruismo, ya por caridad) para apagar un fuego cuyas llamas se acercan con alarmante rapidez.

Cuando no existe el tirón mediático ¿quién se ocupa de estos temas? Nadie se preocupa por saber cuál es el problema de fondo: una gran parte del mundo vive en condiciones infrahumanas tan graves que la única solución que encuentran es abandonarlo todo y escapar de esas realidades. No estoy diciendo nada novedoso (ya dije que son cosas elementales desde mi perspectiva), pero aunque nadie quiere decirlo abiertamente, me da la impresión de que a muchos no les interesa o, peor aún, creen que el problema no va con ellos. No tengo palabras para los primeros (no encuentro remedio contra ese desinterés), pero a los que creen que no tienen nada que ver con la situación catastrófica de los habitantes de los países de donde provienen inmigrantes, se podría decir mucho.

No lo voy a hacer porque ocuparían muchas páginas hablar del saqueo desmedido por parte de países imperialistas que consiguieron dejar en la pobreza a una gran parte del mundo no desarrollado. Sería arduo explicar el actual desarrollo económico del mundo y mostrar que este sistema necesita del consumo de recursos naturales provenientes de países subdesarrollados, porque resultan sensiblemente más económicos. Qué cansino sería explicar que para poder crear esa serie de productos que llenan los almacenes de las tiendas de Occidente es necesario aprovecharse de la pobreza de otras naciones, para que muchas multinacionales tengan acceso a una mano de obra baratísima. Así como justificar que un gran porcentaje de los recursos materiales del mundo se usa en poco menos del 10% de la población mundial (el primer mundo) y el resto está mal repartido entre las demás naciones del globo. No quiero imaginar lo que llevaría profundizar en todas esas alianzas políticas y militares (entre países desarrollados y subdesarrollados) que les han quitado u otorgado el poder a los protagonistas de muchos de los conflictos bélicos que existen en la actualidad.

En cambio quiero terminar esta reflexión con una metáfora que me gusta emplear para explicar lo que significa esta problemática. Imaginemos que el mundo es un gran barco. Este navío está compuesto por una serie de suites de lujo habitadas por unos pocos; luego existen habitaciones cómodas, en las que viven otros tantos; pasamos a pequeños habitáculos que son usados por un número más grande de personas; existe una sección donde sólo hay asientos en los que duermen mucha gente; también hay una colosal masa de individuos ocupando la cubierta y los pasillos del barco; y allá en el fondo, más lejos del cuarto de máquinas, se encuentra una zona demacrada, oscura y que parecería inhabitable, sin embargo, es donde más gente vive. Ahora imaginemos que se abre un hoyo en esa parte del barco y comienza a entrar agua. Toda esa gente para evitar ahogarse intenta llegar a las otras zonas del barco. No es una tarea fácil, pero la alternativa es sucumbir bajo el salobre torrente del mar. Rápidamente las fuerzas de seguridad del barco intentan por distintos medios detener la oleada de personas que van accediendo a esas otras secciones del barco. Los habitantes de las habitaciones de lujo apenas se preocupan y desconocen la revuelta que pasa en el otro extremo del navío. Los de las habitáculos y los asientos se revuelven un poco por el griterío. Aún así confían en que los guardias los protegerán de aquellos que vienen hacia “su” territorio. Quizá sea así. Es posible que esos pobres que intentan huir de los borbotones de agua que comienzan a anegar el barco no lleguen hasta ese punto. Lo único cierto es que como no se haga algo por tapar el agujero, todo el barco se va a hundir. No habrá habitación, por blindada que sea, que no vaya a sucumbir al hundimiento.

A todos aquellos que no estén dispuestos a resolver el problema de fondo, espero que sepáis nadar.

R.III

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Si te ha gustado esta entrada puedes leer sobre la indigencia en Poco más de 7 años.

O también puedes visitar, con un tono más distendido, Reflexiones sobre la pobreza

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©R.III

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El ostracismo de los Reyes Magos

Los tres Reyes lo dispusieron como un plan magnífico.  La distribución de los juguetes, por primera vez no sólo iba a ser efectiva, sino que acariciaba ese concepto poco practicado por aquellos seres ungidos por la magnanimidad de Dios: iba a ser justa. La decisión era polémica, pero en esta época de crisis confiaban en que las personas comprendieran que su deber era seguir la máxima de “a grandes problemas, grandes soluciones”.

Y cuál fue el asombro de los cientos de miles de pequeños que encontraron las bases de sus árboles de Navidad, o los zapatitos que habían colocado perfectamente alineados, vacíos. Ningún regalo había sido depositado en ellos. ¿Acaso no han venido?, se preguntaban los pitusos, pero la prueba de Su llegada era evidente. Los platos con galletas o salchichón y los vasos de leche o vino, también se encontraban vacíos. Algunas migas, poco más. Los sedientos reyes, sin duda habían hecho acto de presencia. ¿Y entonces los regalos?

Los llantos fueron atronadores. Los padres no podían consolar a sus hijos; tan sólo lo consiguieron aquéllos (que no fueron pocos) que les ofrecieron, en compensación por tan grande disgusto,  ir a comprarles, de forma expedita, algún regalo que fuera de su agrado. Muchos de los avariciosos pequeños cedieron a este chantaje. Otros se empecinaron por aquellos regalos que, según ellos, estaban dotados de una magia que no se puede adquirir en un centro comercial. Pero niños y padres convenían en tachar a esos Reyes de seres desalmados (y otras cosas más duras).

Pero a esta fatídica sorpresa sobrevino una mayor. La carta. En algunos casos, después de ser hallada y leída por los padres atónitos, pedían apresurados a sus hijos que confirmaran la noticia, en otros, antes siquiera de sospechar la existencia de la nota que sus Majestades habían dejado, los hechos anunciaban la controvertida decisión real.   Lo que fue similar en casi todos los hogares, fue la imagen de los niños corriendo a sus habitaciones y volver en similar trote hacia el salón para contar, escandalizados, tan peculiar acontecimiento. Los reyes no sólo no habían traído regalos este año, sino que se habían llevado algunos de los juguetes en mejor estado (pues los rotos no eran dignos de sus Altezas) de los pequeños. El saqueo fue el mismo para todas las casas en las que año tras año los Reyes habían hecho gala de su generosidad. No se perdonó a ninguna vivienda, pero cuantificando los daños -por esto de las estadísticas-  cabe mencionar que las casas más opulentas fueron, también, las más devastadas.

En la misiva, la explicación que indignó a todas las potencias de Occidente.

Mientras tanto, en la otra parte del mundo, el milagro se había consolidado con sumo esfuerzo. Porque por más juguetes “robados” que los Reyes consiguieran, la verdad es que los niños de esos países son demasiados. Pero finalmente, juntando la provisión normal de regalos que se producían todos los años, más aquellos otros que hábilmente consiguieron en las casas de Occidente y equilibrando austeramente la repartición, se conisguió tan ambicioso objetivo. Si bien es cierto, los tres grandes Magos fallaron en su perspectiva de impacto: no pensaron que muchos de esos juguetes no iban a ser divertidos para los  chavales de tan recónditos confines. Sólo los regalos más sencillos triunfaron (e incluso algunas de las cajas que alojaban esos “objetos raros” de poca utilidad). En todo caso, los millones de rostros ilusionados habían restado importancia a este pequeño detalle. Satisfechos, los Tres, pudieron volver andando a casa.

Al otro día, los caritativos y mágicos Monarcas estaban conformes. Pobres ingenuos. ¡No sabían el problema en el que se habían metido! La indignación civil llevó a los gobiernos de las grandes potencias a tomar medidas poco diplomáticas… pero esa historia ya no es para niños

R.III

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Reflexiones sobre el feminismo

Pobres los hombres que creen que las mujeres quieren parecerse a ellos. Mezquinos aquellos que ven una competencia en el feminismo. Odiosos los que comprenden al ser humano sólo en cuanto hombre, sin ver que ese concepto no entiende de sexos. No, señores míos, la lucha no va contra ustedes. La causa intenta consolidar el triunfo de las ideas de la Ilustración; que, dado el letargo inherente a nuestra especie, ha costado tiempo y vidas su afianzamiento. Cuánto nos sigue costando convertir esas ideas en garantías; en una realidad que sea inamovible. Pero todavía algunos osan burlarse y malinterpretar un movimiento que  persigue la defensa de derechos básicos y reconocibles a la raza humana: hombres y mujeres. Dejemos de obstaculizar nuestro camino hacia la igualdad para, una vez conseguida, podamos centrarnos en los otros problemas que nos acosan. Pero este entendimiento se tiene que dar en conjunto, hombres y mujeres, pues tozudos e ignorantes abundan en ambos sexos.

 

Empecemos, pues, por no malinterpretar ese concepto. La igualdad es un derecho que radica en el respeto a las diferencias. Porque los hombres y las mujeres no somos iguales. Nuestras naturalezas son distintas, nuestras hormonas nos dominan de forma diferente. Sólo a partir de comprender esta realidad, podremos comenzar la búsqueda de lo común. Se dice que ante la ley somos iguales y efectivamente debe ser así, pero ¿podremos llegar, algún día, a escavar  más hondo y no quedarnos en aspectos tan superficiales? ¿Podremos terminar con una competencia jerárquica y poner en orden nuestro mundo? ¿Se llegará al punto en el que deje de tener sentido hablar de feminismo?

 

Cuando las sociedades se pongan las gafas del feminismo, y se vea el mundo a través de ellas, esta teoría no será necesaria. En ese momento las empresas valorarán un currículum por la valía del candidato y se dejará de pensar en equilibrar la plantilla de empleados. Dejará de usarse el término “baja por maternidad” y se hablará de “baja por nacimiento” o algo parecido. Serán cansinos los debates lingüísticos sobre el masculino o femenino de un concepto. Desaparecerán del diccionario términos absurdos como el de “ninfómana”. Y otros aspectos que no cabe enumerar; situaciones que hoy se entienden como victorias, pero que tendrán que instaurarse como hábitos comunes e inherentes a todos.

No olvidemos que este es tan sólo un eslabón en la cadena de la evolución moral. No hay que perder esta perspectiva. Así que pobres de aquellos, que no ven el perjuicio que hacen a la humanidad, por seguirse empecinando en ideas obsoletas…

 

R.III

 


Coatlicue (La de la falda de serpientes) divinidad femenina de la vida y la muerte, de la tierra y la ferilidad.

Museo de Antropología de México


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