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Falacias

La Falacia o sofisma es un razonamiento aparentemente «lógico» en el que el resultado es independiente de la verdad de las premisas; esto quiere decir que se desprende una conclusión errónea, porque no existe una conexión necesaria con las proposiciones de las que “supuestamente” surge. En otras palabras, el argumento parece ser verdadero, pero en realidad no lo es. El problema de las falacias es que son difíciles de detectar:

Ejemplos:

  1. Rafa está enamorado.
  2. A Rafa le gusta Lucía.
  3. Por tanto, Rafa está enamorado de Lucía.

Todo nos podría hacer pensar que si Rafa está enamorado y además le gusta Lucía, debe ser lógico que Rafa esté enamorado de Lucía (así se hacen los chismes). El problema es ese “debe ser lógico”, porque a Rafa le puede gustar además de Lucía, Juanita, Menganita y alguna otra “ita” (esto no se excluye en la preposición). O bien estar enamorado de cualquiera que no sea necesariamente Lucía. Es posible,  pero sólo posible, que incluso dé la casualidad de que efectivamente Rafa sí esté enamorado de Lucía, pero esto no quiere decir que forzosamente sea así. La problemática surge en creer que la conclusión es definitiva, partiendo de premisas que brindan información independiente a la conclusión que obtenemos.

  1. Si un objeto es de oro, brilla.
  2. Esta daga brilla.
  3. Esta daga es de oro.

Este ejemplo nos resulta más claro, quizá por el dicho popular que nos ha enseñado que “no todo lo que brilla es oro”, pero en realidad pasa lo mismo que en el anterior. Existe una independencia entre las proposiciones iniciales y la conclusión; su relación no va siguiendo un encadenamiento lógico.

Existen muchos tipos de falacias que han sido definidas. Aquí van algunas.

Falacia Ad Hominen (o de Ataque Personal)

En lo personal, me resulta una de las falacias más fastidiosas y por otro lado se usa constantemente. Consiste en atacar (o favorecer) a la persona

que hace una argumentación en lugar de rebatir o apoyar el argumento por el contenido de sus premisas. Cuántas veces no hemos escuchado en una discusión lo siguiente:

  • “Usted no tiene la autoridad de decir…”
  • “Usted no puede rebatirlo porque no es abogado”
  • “Tú no tienes ni idea de este tema”
  • “Es un dolor agudo, lo sé porque soy Médico”
  • “que te lo digo yo”

Como se puede apreciar, las primeras tres persiguen mostrar que el argumento del interlocutor no tiene validez y merece ser desestimado, ya que no proviene de una autoridad o un experto en el tema de la discusión. Lo últimos dos lo que pretenden es que se les dé la razón simplemente por ser quienes son y no por su argumento. Algo que me pone nervioso de algunos españoles es cuando te sueltan ese “que te lo digo yo”, como si por comentar esta obviedad, se hicieran acreedores de una confianza indiscutible.

Sólo he utilizado algunas de las fórmulas que usan este tipo de falacias, pero hay que puntualizar que una falacia sólo es considerada como tal cuando está acompañada de un argumento o un razonamiento (el que se intenta demostrar falazmente).

 

Falacia Ad Verecundiam (o falacia de la autoridad)

Esta falacia planta su raíces en la Ad Hominen  con la diferencia que la persona en la que se apoya o se replica un argumento, en teoría, tiene una autoridad de mayor peso: un mandatario político, social o algún personaje popular… En todo caso, la fuerza del argumento recae en esta situación y no en la validez del argumento:

  • “… Si lo dice Stalin es que es cierto”
  • “Al igual que Aristóteles pensaba, la verdad es que…”

Falacia Ad Populum (O falacia populista)

Es otra variante de la anterior, pero consiste en atribuir que algo es verdadero o falso en función de lo que la mayoría opina o cree. Esta es especialmente utilizada por aquellos que disfrutan de la estadística. Intentan justifcar su razón, porque hay un número muy alto de personas que lo respaldan.

  • “La homosexualidad es una aberración, va en contra de las prácticas naturales de la humanidad”
  • “Todo mundo sabe que…”
  • “El 90% de los españoles opina…”

Otros tipos de Falacias

Muestra sesgada: Es una muestra que ha sido falsamente considerada como la típica de una población de la cual ha sido tomada. Por ejemplo: Los centros de investigación paranormal reciben cientos de llamadas de personas que han tenido sueños en los que un familiar muere y, días después, dicho pariente termina falleciendo. Estos sitios sustentan sus resultados con este tipo de datos, llegando a la conclusión de la existencia de sueños premonitorios. Pero vamos más a fondo ¿cuántas personas llamarían si soñaran que muere una persona cercana y pasan los días, las semanas, los meses y esa persona sigue viva? Es probable que pocos lo hagan, por lo que estas estadísticas cuentan con un sesgo…

Falacia de la verdad a medias: Es cuando un argumento es sólo parcialmente verdadero o incluso verdadero, pero que omite toda la verdad. “50 de cada 100 personas adelgazan con este medicamento” (cuando no se hace mención de que los otros 50 no sólo no adelgazan, sino que el medicamento les sienta mal).

                                                                                                                 

El desafío del interlocutor es encontrar la premisa falsa, esto es, aquella que hace que la conclusión no sea firme. Los discursos políticos, las noticias (especialmente las de televisión), las charlas acaloradas… son buenos lugares para encontrar falacias. Les recomiendo jugar a detectarlas, les aseguro que con el tiempo uno termina enviciándose… ¡ah! y desconfiando también de lo que le cuentan a uno…

R.III


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