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Plegaria a Ganesha

Te pido a ti simpático dios de cabeza de elefante que poses tu mirada en mí. Aunque viva lejos de tus dominios escucha esta plegaria y no la desatiendas. Ejecuta la labor para la que has sido creado en este exótico creyente que desde esta esquina te implora. Libra mi camino de cualquier obstáculo, pues me vendrían bien unos meses de tranquilidad. Si miras mi historial te darás cuenta de que no termino de salir de un problema, para meterme en el siguiente. De atolladeros tú eres el más sabio y consigues abrir camino a tus fieles súbditos con esa destreza que te caracteriza.

¡Ay, Ganesha! ¿Cómo consigues librarnos de los obstáculos, cuando tú mismo no viste el lío en el que te metías? Cuando Parvati te pidió que vigilaras su intimidad impidiendo que nadie la observara mientras se daba un baño. ¿No pensaste que Shiva no iba a pararse a reflexionar que mantenías tu mirada fija en la lejanía teniendo tus ojos tan cerca de su mujer? ¿Cómo no anticipaste que ese favor te costaría la cabeza? Ahora sobre tus hombros se yergue la testa de la primera criatura que pasó cuando Parvati reprochó al gran Shiva su impaciencia. Gracias al cielo te devolvió a la vida infinita que ahora plugo.

Adorable dios de cuatro brazos escucha mi plegaria y recibirás mi adoración. Obra ese milagro que aleja las dificultades de quien te evoca. Haz honor a tu nombre y elévate por encima de otros dioses del panteón hinduista. Unos meses, no pido más, Ganesha.  Tu súbdito, el más exótico, te estará mil veces agradecido.

R.III

 

Ganesha

Mi rincón preferido de la librería

 

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Si te ha gustado esta entrada puedes leer: A problemas filosóficos, decisiones salomónicas.

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©R.III


in bloom

A Alejandro, el verdadero aventurero

Imagen

Árbol nacido del concreto

bajo la perenne nube baja

en un barrio

que recuerdo gris y azul

pero que  estalla y sorprende

con flores primaverales

árbol que cada año mutas

lejos de los canales de Amsterdam

tus cambios nos alientan

a seguir creciendo

a esperar pacientes

la luz del sol

de un verano

quizá más duradero

 R.III

Foto: In bloom, tomada por Alejandro Ortega Lozano


Mis diez libros

En mi última entrada mencioné que iba a tratar sobre algunas acciones o hábitos que nos pueden ayudar mejorar nuestra sociedad. Sin embrago, voy a retractarme y colar esto antes.

El otro día acordé con una amiga que nos íbamos a pasar una lista con la recomendación de diez libros. Pensando en ellos, me di cuenta de que nunca he hecho una sugerencia de este tipo a través del blog. De hecho, fuera de alguna reseña puntual, nunca he comentado mis gustos literarios, aunque, paradójicamente, la literatura sea uno de los pilares en los que el blog se sustenta. También es cierto que hacer una selección de diez libros es, además de atrevido, complejo; es acotar en un puñado, cientos de deliciosas experiencias, donde ineludiblemente muchas exquisiteces quedarán fuera. En mayo de 2012 Sergio Vila-Sanjuán entrevistó a Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional de Madrid. Al final le preguntó cuáles sería los tres libros que se llevaría a una isla desierta. Bromeando él contesto que algo que no se hubiera leído como La muerte de Virgilio,  de Hermann Broch, “porque nunca he podido pasar de la cuarta página y en una isla desierta tendría que hacerlo”.

Intentar evadir estas preguntas es natural y este es el dilema en el que me encuentro. Así que más que mencionar los mejores diez libros que he leído, me he de conformar con hacer un listado con aquellos que han sido trascendentales en este camino que he emprendido por el mundo de las letras y que, por una u otra razón, se han convertido en mis “preferidos” (pese a que haya leído algunos otros mejor escritos).

Hay dos novelas a los que les debo mi pasión por la lectura. Cuando era pequeño mi padre me hacía leer a Emilio Salgari (teníamos una gran colección de sus libros), pero he de reconocer que las aventuras de aquellos piratas nunca llamó mi atención, de hecho llegué a detestarlos. Y sin embargo, los libros que él hojeaba sentado en el salón de casa no me dejaba leerlos aludiendo que eran de mayores. Yo lo veía desternillarse con ellos y mientras yo me aburría soberanamente con los de Salgari, envidiaba el buen rato que mi padre pasaba (de hecho, llegué a sospechar que fingía regocijo como una conspiración para fomentar mi hábito de leer). Así que un día le quité uno e intenté averiguar qué diferencia había entre los que podía leer y los que no. Efectivamente eran de mayores; mucho sexo y palabrotas, por lo que yo también reí e imaginé muchas “situaciones”. La experiencia fue completamente distinta y satisfactoria, pero sobre todo me ayudó a comprender lo que se escondía en la literatura. He de decir que de los dos escritores que mencionaré a continuación lo recomiendo todo, pero estos fueron los primeros libros de leí de ellos y aquí les hago un pequeño tributo.

1. Dos horas de sol de José Agustín

2. Días de combate de Paco Ignacio Taiblo II

Ya José Saramago era famoso desde que ganó el Nobel de Literatura en 1998, pero siento que aumentó su popularidad desde que falleció en 2010. Yo lo descubrí por dos razones: mi padre (nuevamente) y por lo del galardón. Recuerdo que algunos domingos mi papá nos llevaba a desayunar a Sanborns (una cafetería mexicana) y antes o después de pasar por el restaurante, paseaba un rato por los pasillos de la librería para finalmente comprar algún libro. Si mi memoria no me falla, tenía la costumbre de comprar las novela de aquellos autores reconocidos con el Nobel. Así llegó a mis manos la excelentísima novela que amplió mis horizontes literarios y me hizo fiel seguidor del escritor portugués:

3. El evangelio según Jesucristo de José Saramago.

Pasó el tiempo y yo seguí leyendo autores contemporáneos y en ellos me consolidé como lector. Pero me di cuenta de que tenía una carencia en mi haber de autores clásicos, así que decidí dejar la literatura contemporánea y probar suerte con ese género que ha conseguido mantenerse incólume en las librerías a través de los años. Aunque resulte extraño, fue tanto mi placer que dejé de salir con mis amigos los fines de semana, porque quería levantarme en las mañanas temprano para continuar embebido en esas historias todo el día. Tres son los clásicos que más me marcaron durante esa época (y hago trampa, porque el primero de los tres en realidad son dos libros, pero los uno por ser parte de un pack sobresaliente de hace poco menos de tres mil años).

4. La Iliada y la Odisea de Homero.

5. La divina comedia de Dante Alighieri (y eso que sólo me leí el infierno y el purgatorio, porque el cielo me pareció un tostón).

6. Guerra y Paz de León Tostoi

Cuando llegué a España di con dos escritores de los que nunca había oído hablar y que pronto se convirtieron en mis favoritos. Uno de ellos realmente es un maestro de las letras y la creatividad, pero debo admitir que han pasado por mis manos mejores escritores. No obstante, ambos autores hicieron de mi primera estancia en España un escenario de fantasía y trajeron alegría incluso en aquellos momentos más duros de mi inserción al mundo real.

7. El palacio de la luna de Paul Auster.

8. Océano mar de Alessandro Baricco.

Mi amigo y escritor Ángel Ramón Pastor me hizo una recomendación que nunca podré superar. Su libro me cambió la vida; me hizo encontrar un destino literario. No creo poder devolverle nunca el favor con una sugerencia similar.

9. Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline.

Tengo que terminar esta lista con otro clásico que leí recientemente (hace un par de años), aunque otro amigo Oscar Pérez Corona me llevase insistiendo años en que me adentrara en él. Pero los libros para convertirse en esos grandes acompañantes, tienen que llegar a tiempo. Y así llegó el que quizá sea el mejor libro que haya leído hasta ahora (sé que me arrepentiré muy pronto de la dimensión categórica que estoy dando a esta entrada del blog):

10. Los miserables de Víctor Hugo.

Obviamente me estoy dejando cientos de miles de páginas de clásicos y contemporáneos. Esta lista podría aumentarla a 100 y aún así al releerla encontraría el hueco de una gran ausencia. Pero el objetivo era diez y esto es lo que he hecho.

                                                                   R.III

Post Scriptum: Los otros dos libros que Llosa se llevaría a la isla desierta demás de la Muerte de Virgilio son –vaya coincidencia-: “El Quijote o Guerra y Paz y La Odisea”.

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Renovaciones

Hoy estás guardando la ropa de verano y sacando la de invierno. Sientes que la fecha de renovación se ha adelantado este año. Le dices adiós a la época estival, Orteguita. Y aunque sabes que todavía te quedan días de terrazas y con suerte un picnic alguna tarde calurosa de otoño, no puedes evitar sentir cierta melancolía. La luz que entra en la habitación donde llevas a cabo la delicada tarea es pálida y cambiante. Afuera el cielo encapotado produce una claridad difusa que por momentos destella y por otros oscurece. Sin duda el tono gris de la mañana también incide en tu estado de ánimo. Te dices que no es para tanto, que a ti te encanta también la temporada fría; los caldos calientes, las tazas de té con un pedacito de chocolate y el acurrucarte entre las mantitas con el libro de turno. Además, siempre has pensado que el invierno es una época productiva, pues la tentación de salir a la calle se reduce y sueles quedarte en casa a trabajar; la tesis, la novela, los artículos y tu blog recibirán más atención.

En cuanto terminas y cierras finalmente el cajón, te pones buscar en tu interior. Por qué te sientes así. Lo has pasado muy bien este verano. Buenas nuevas han venido acompañando a los rayos del sol, y casi podrías asegurar que prometen mantenerse protectores durante el frío. Pero esa punzada que te encoge el estómago y humedece tus ojos sigue ahí. ¿A qué se debe?, te preguntas. Y de pronto das con la explicación. Las renovaciones dan impulso a tu vida, pero también son la muestra clara del paso inexorable del tiempo. Son esos puntos de inflexión los que te proyectan un camino que quieres ver esperanzador, pero que, a su vez, te dejan ver el trayecto en la dirección contraria. ¡Ya van siendo años! Desde este punto vislumbras esa infancia y juventud que no volverás a vivir, Orteguita. Espero que las hayas gozado y también espero que aprendas a convivir con la madurez.

Hoy el cielo está gris y la ropa de invierno colgada y ordenada en los armarios. Mañana dicen que saldrá el sol y comenzarás a andar sin pensar mucho más en este momento; sin detenerte a mirar al sendero andado y ese que se extiende incierto. Quizá pase otro largo período de tiempo antes de que sorpresivamente te encuentres cara a cara con otra renovación, y esa mezcla de brío y añoranza te contagie de nuevo.

                                                                          R.III


Trabacuento (para R.IV)

Pues aquí seguimos amigos, nosotros y facebook. La hecatombe no aconteció, habrá que esperar mientras el cielo sigue gris…

Entretanto ahí va un pequeño juego dedicado a Ramón Ortega IV

 

Trabacuento

 

Tres tristes tigres

contemplan tristes no un trigal

sino el cielo encapotado

pensando qué desencapotador

vendrá a desencapotarlo

 

a lo lejos un ruido

es Pablito clavando un clavito

en la calva de un calvito

y mientras le clavan un clavito

el calvito canta una canción

“r con r cigarro

r con r barril

rápido corren los carros

del ferrocarril…”

 

¡eh, Pablito! –grita Pepe Pecas

traigo papas pa picar

y se pone Pepe Pecas

a picar la papas

que traía pa Pablito.

y Pablito que no deja de clavar

un clavito en la calva del calvito

 

r con r ruidito

ruidito que hace un clavito

que distrae a tres tristes tigres

que contemplan

tristes

el cielo encapotado

que nadie viene a desencapotar

 

Tan tan…

 

R.III


El sabor del español

Me hacen gracia los puristas del castellano. Con lo bonito que es la variedad. El otro día un amigo y compatriota mexicano me decía que competía en un debate lingüístico con un colega de Valladolid. La conversación no pudo ser menos que apasionante:

 

—¡Calentito! Te digo que se dice “calentito” —defendía el pucelano.

—¡Qué no! Que se dice “calientito” —se obstinaba el mexicano.

—¡Cómo va a ser calientito! Eso no existe en el español.

—Llevo diciéndolo toda mi vida. Sé perfectamente que sí existe. O bueno, por lo menos los mexicanos lo decimos así: “calientito”. Y hasta donde yo sé, también hablamos español.

En eso pasó una amiga colombiana y, claro, el mexicano sabiendo que la sangre de Latinoamérica inclinaría la balanza hacia su lado, no tardó en sacar ventaja de este fortuito encuentro:

—¡Qué bueno que pasas por aquí, bonita! —dijo el mexicano acercándose a la colombiana, posando su brazo sobre ella y mirando con ironía hacia el pucelano —Tú me vas a dar la razón. Dile aquí a nuestro amigo el españolete ¿Cómo es más correcto “calentito” o “caLIENtito”, mi reina?

—¿Pero tú qué dices, mi amor? —contestó la colombiana —Se dice “calentico”.

 

La Real Academia de la Lengua Española hace un gran esfuerzo por reunir y normalizar todos aquellos usos del español. Por eso acepta “lagaña” y “legaña”,  “menjurje” y “menjunje”, “profesionista” y “profesional”, “refrigerador” y  “nevera”, “saco” y “americana”, “manta” y “cobija”. Todavía hay un gran camino por recorrer, pero podemos tomarlo como nuestro referente de “corrección”. En todo caso olvidémonos de las correcciones y dejémonos seducir por los acentos y por aquellas expresiones extrañas, por los “mola”, “chido”, “curda”, “mina”, “celular”, “ordenador”, “trapear”, “cruda”, “guay”, “chamba”, “curro” y todos esos “palabros” que “nomas” son el “puritito” sabor de nuestros pueblos…

 

R.III

 

Corral de comedias de Almagro

 


El Haiku y su métrica

El Haiku es el sumo de los poemas breves, aunque suene paradójico decirlo así. Tan sólo 17 sílabas expuestas en tres versos en el siguiente orden: 5/7/5. Excesivamente breve cuando el lenguaje que utilizas es el español. Los japoneses, inventores de estos peculiares poemas, pueden decir mucho con palabras diminutas. Pero incluso existen otros idiomas en los que esta métrica se puede respetar más. Tan sólo el inglés es más versátil:

The flap of a bat, (5)
drip drip of monsoon waters.(7)
Ancient image stares.(5)

Tras una rudimentaria Traducción en un intento de español conciso, sería algo así:

El ala del murciélago (7)

gotea gotea en las aguas del monzón (11)

el mirar de una antigua imagen (8)

No dudo que pudiera haber mejores formas de exponerlo. Se puede afinar más, pero entre “bat” y murciélago existen cuatro sílabas de diferencia (y eso que al ser esdrújula y estar al final nos permite ahorrar una sílaba en la métrica del verso). Por esta razón, existe algún  consenso que permite a los poetas que escriben en castellano alargar la métrica de los versos en 8/11/8. Incluso existen otros, todavía menos puristas que apoyan la moción de que mientras se consiga la brevedad y algo que me gusta llamar el efecto Haiku (esa especie de estado zen en la que te quedas al escuchar un proverbio chino) la métrica no es importante.

Ahí van algunos de los Haikus que hemos conseguido sacar en el taller creación creativa que imparto los jueves:

El pincel rasga

Rompiendo el silencio

Del blanco papel

Leonor Trujillo

El cerezo que florece

Entre luchas de brillantes katanas

En el ruidoso tatami

M Paz Boris

 

Soy el río rebosante

Que tu amargo llanto intenta rechazar

Sin tu existencia

María Manuela

La frescura de mi cuerpo

que se baña en la sal azul del mar

frente a la arena del silencïo

Almudena

La siesta y el calor

entre árboles y prados

ríen al aire

José Luis

Rayos y agujas

pero él ha llegado muy él

y ha habido un claro

Paula Ramos

La luna lanzó a la tierra

Un enorme pedazo de oscuridad

Poco después amaneció

Alberto Lorenzo

Veo una mota de polvo

Que meciéndose a hurtadillas desciende

Y se funde con el suelo

Laura Clares

Espero que los hayáis disfrutado…

R.III


>Hay de festejos a festejos

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La cabeza dando vueltas, el estómago ardiendo, el cuerpo frío y el aliento lúgubre. Sin ganas de salir de esa confortable cama; de hecho, sin fuerza para conseguirlo. Los ojos rojos y los cabellos erizos. Empieza la sed incurable; agua, leche, cerveza… nada ayuda con satisfacción. “Mucho festejo hace daño” se piensa y se lamenta todo el alcohol de la noche anterior.

Existen muchas curas para estos efectos producidos por la resaca o “cruda” (como decimos en México): desde esos dos alcazeltzers disueltos en un vaso de agua –tan burbujeantes que dan asco– hasta un desayuno con mucho picante –lo que podría parecer paradójico–. Quizá el mejor remedio es dormir hasta que todo pase. El problema es cuando la juerga te las has pegado un domingo y claro ¡hay gente que trabaja! Así que no queda más remedio que librar esos eternos desafíos: o enfrentarse al tráfico o entrar en el metro a la hora punta, tratar con esas encantadoras personas a las que llamamos “compañeros de trabajo”, pasar los típicos problemas y angustias del día, que esta vez vienen acompañados por el perenne dolor de cabeza. Todo esto, que ya de por sí es penoso cotidianamente, con la sensibilidad producida por los efectos mencionados, hacen que el día se eternice y maldigamos la noche anterior.

Lo peor es que aunado a la “cruda” física viene la “cruda moral”; porque uno hace cosas en la borrachera que hubiera preferido no hacer. Los recuerdos oprimen en ese punto de la conciencia –quizá lo que produce nuestro dolor de cabeza– y se busca borrarlos o por lo menos justificarlos. Desde realizar la llamada sentimental en plena madrugada a esa chica que te gusta y no te hace caso y que después de esto ya no te lo va a hacer, hasta despertar con alguien totalmente desconocido (algunas veces puede estar bien, otras…). Uno puede echarle la culpa al alcohol, pues se sabe bien que la perspectiva de un hombre con determinados mililitros de alcohol en la sangre y uno sobrio es bastante significativa. Sin embargo, esta excusa termina por no funcionar. No se sabe la cantidad de vicisitudes que alguien puede realizar con el ánimo indómito producido por esa “última copa”.

Para terminar de fastidiar el asunto, al despertar y hurgar en los bolsillos se encuentra la fabulosa cantidad de 90 céntimos. ¡Qué rápido se esfumó la paga! Tema especialmente fastidioso cuando se está a mitad del mes. Todo aunado, dan como resultado a un sujeto mal encarado y con una mala leche que daría miedo atravesarse en su camino. O bien aquella persona que entra a la oficina transpirando todavía el olor del vodka ingerido. Alguien que no quiere estar ahí – ¡y que nadie quiere que esté ahí! – realizando un trabajo mal hecho.

Después de todo esto viene la inevitable pregunta: ¿Lo volvería a hacer?

“SÍ, ¡SALUD!

R.III

>La Fiesta Española

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España está acostumbrada al festejo. Cada esquina de sus ciudades, sus poblados, sus barrios, en algún momento u otro, se engalanan con música, comida, juegos y, claro está, alcohol. Bajo el pretexto de una cantidad inmensurable de santos y vírgenes, los españolitos salen a la calle para, como en aquellas bacanales griegas (posteriormente paganas), deshogar su espíritu de tanta cotidianidad contenida. Y como dice Serrat: “Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha.”

San Isidro, el padrón de Madrid, no podría ser la excepción para montar una buena fiesta. Y ahí aparezco yo, que con cada vez menos inventiva para entretener a mi hijo, se me ocurrió la buenísima idea de llevarme a Ramón IV al Prado de San Isidro (epicentro mismo de la pachanga). ¿Qué encontramos ahí? Cientos de personas sería quedarme corto, estentórea ¿música?, no justificaría por completo el pitido que continúa zumbando en mis oídos y continuados puestos de comida de la más amplia variedad y calidad. Y en la colina, levantándose como una gran invitación infantil, juegos mecánicos que iban desde carruseles para diversas edades, hasta una muy atípica, pero ingeniosa, casona del terror.

Para los que estén formando en sus cabecitas la idea de un Disney World en pequeñito, por favor, vayan sacándola de sus cabecitas. De ninguna manera, estos juegos no pasarían ni con un sustancioso soborno cualquier tipo de “ISO”, por mediocre que un estándar de calidad hubiese sido creado hasta el momento. Las personas que manipulaban los juegos e iban introduciendo a nuestras queridas fierecillas en las atracciones (pseudo)mecánicas, no eran parte de un personal contratado para la ocasión con impolutos uniformes y una gentil sonrisa en la cara; mucho me temo que no. Los dichosos administradores de diversión entre ronda y ronda de juegos, no sólo recibían el dinero de los gustosos padres, sino que se tomaban sus cervezotas o calimochos (vino con coca-cola), se fumaban un porro y no dudo que alguno diera la vuelta a la atracción para pincharse (¿Tal vez este trabajo le aseguraría una dosis diaria durante todo el mes?).

Preguntarse por cinturones de seguridad; ¡qué digo cinturones! Preguntarse por “la seguridad” sería todo un lujo. Pero así, como las palabras de Serrat, arriba citadas, en este ambiente familiar todo estaba permitido. Lo único importante era divertirse, bailar, beber y jugar. Y eso mismo fue lo que Ramón IV y yo hicimos.


>Recuerdos de infancia

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“No puede haber amor si no se es uno con todas sus fuerzas”
Italo Calvino, “El Barón Rampante”

Dice Paco Ignacio Taibo II que los recuerdos que tiene de su padre en su niñez están acompañados del armónico sonido del tecleo de una máquina de escribir. Recuerda que se metía debajo del escritorio de su papá mientras éste escribía en las noches. Hoy me pregunto cuál será el recuerdo que guardará de mí Ramón IV (mi hijo) cuando crezca. Lo pienso mientras estoy cocinando su comida de mañana. Él se está tomado un yogurt a manera de postre, de una cena que también le he preparado. Tal vez él, cuando sea mayor, pensará en su infancia y por su mente se cruzará la imagen de su padre metido en una cocina de donde provenían distintas clases de olores.

Siempre he querido que Ramón IV se sienta orgulloso de su progenitor; que sus recuerdos de mí sean algo parecidos a los de Taibo II. Sin embargo, por poco que parezca, me encanta la idea de que su memoria se forje de los cuidados que le dio su padre y no de las estúpidas novelas, ensayos y artículos que escribió mientras él jugueteaba por el salón.

Foto tomada por M. Emilio Silva

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