Otro festejo más

No me van ciertos convencionalismos y en esto se pueden incluir los festejos “obligados”. Sin ir más lejos, en los quince años que llevo en Madrid sólo he festejado mi cumpleaños una vez. Hablo aquí de festejo, que tiene una connotación social, más que de celebración que bien puede darse desde la intimidad (con alguien cercano o, incluso, uno solo) que sí suelo poner en práctica. No es que no me gusten las fiestas. Basta preguntar a mi círculo cercano de amigos para comprobar que para mí cualquier pretexto es bueno para dar salida a lo que Nietzsche llamó las fiestas dionisiacas (aquellas que nos ayudan a escapar de nuestra cotidianidad). Es decir, a la primera oportunidad que tengo me gusta improvisar pequeñas (y algunas no tan pequeñas) reuniones con los amigos, sin que haya un motivo determinado.

Pero volviendo a lo de festejar mi cumpleaños, lo cierto es que rara vez lo hago. Siempre he justificado esta actitud diciendo que al cumplir años en agosto es muy complicado hacer coincidir a mis amigos y familiares. No miento cuando lo digo, pero lo cierto es que tampoco me interesa mucho. Claro que quiero tener a amigos y familiares reunidos un día para disfrutar todos juntos de buena comida, bebida y música. Pero no veo la necesidad de que el motivo sea festejar mi cumpleaños. Para mí los cumpleaños son días que por mera convención social queremos dotar de un brillo especial y así, una vez al año, poder sentirnos importantes; que seamos el centro de nuestro pequeñísimo universo. Más nos valdría festejar el no-cumpleaños que se propone en Alicia en el país de las maravillas.

Lo que aplico a mi cumpleaños me pasa con todo lo que socialmente “debería” ser motivo de festejo. Nunca me verán celebrar el día de San Valentín, si pudiera me saltaría la Navidad y el Año nuevo, Ana y yo no tenemos una fecha de unión como para celebrar un aniversario, etc. Para mí todos esos son imposiciones sociales. Yo celebraré cuando me dé la gana el amor o la amistad, la fortuna de estar unido a la persona que quiero o el comienzo de mi año (que para mí siempre es en septiembre). No necesito que nadie venga a recordarme que hoy es el día en que tengo que hacerlo (y mucho menos que tenga que ir corriendo a comprar un regalo para estar a la altura).

¿Y por qué cuento esto hoy? Pues porque es el día del padre aquí en España (que no coincide con el de México) y yo ni me había dado cuenta. También coincide con que R.IV hoy no está conmigo y la verdad no siento ni una pizca de pena. ¿Por qué? Pues porque el día del padre no significa nada para mí: me pasa lo mismo que con el día de mi cumpleaños o el de San Valentín. Yo celebro todos los días el que R.IV esté en el mundo. Y a la par que lo festejo, me llevan los mil demonios cuando hace algo que no está bien, o me llaman del colegio por alguna gamberrada o sale mal en alguna(s) asignatura. Por otro lado, R.IV es capaz de llevarme al paroxismo de la alegría cuando viene con las buenas nuevas de haber aprobado todas sus notas o cuando termina uno de esos dibujos que yo sería incapaz de hacer o escribe una carta o alguna composición dejando en el papel no sólo corrección y buen estilo, sino reflexiones y sentimientos que sólo atañen a la persona noble.

También me pasa que sufro de insomnio cuando por las noches no para de toser, aunque al otro día él ni se haya dado cuenta de todo lo que tosía. He tenido que pasar horas en hospitales, la mayoría de veces por tonterías, pero otras con el alma en un vilo. He sentido paralizado el corazón muchas veces: nadie sabe lo que es la paternidad hasta que algo tan nimio como perder de vista un minuto a tu hijo en medio de la muchedumbre es capaz de poner todo tu mundo en suspenso; el tiempo se dilata o se detiene hasta que lo vuelves a ver y corres para cogerle la mano. Pero todo lo malo se compensa con esa sonrisa. Su alegría pone orden a todo tu mundo.

¿Para qué queremos sentirnos importantes este día? A mí me basta sentir sus manos alrededor del cuello, que me dé un beso en la mejilla y me confiese que me quiere. Y eso lo hace día sí y día no. Sí, soy un padre afortunado, por eso me da igual la estampita que quieren que nos coloquemos esta jornada. No necesito ningún regalo R.IV. Tengo todo lo que quiero en esta vida y en parte es porque te tengo a ti.

 

R.III

 

 

 

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©R.III

 

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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