Imágenes

Estoy mirando esa foto tuya del salón. Es una foto sencilla, sin mayor artificio lumínico o estético. El color y la parafernalia apenas hacen acto de presencia. No hay carmín en tus labios, no luce el color de esos ojos expresivos. No sonríes, ni pretendes convencernos, a los espectadores, de tu belleza. Estás ahí de perfil, en un sobrio camisón negro. Un halo de sensualidad provoca un cosquilleo en mi interior que me eriza la piel. La serenidad personificada que, irónicamente, sostiene una beldad incólume, atronadora. Capaz de los más altos pensamientos y hechizos.

 En ella se esconde a las miradas una paz que sólo percibimos algunos afortunados. La comisura de tus labios intenta delatar esa felicidad que pasea en tu espíritu. Un halo de dulzura atrapa la mirada de aquél que pasea entre los títulos de aquellos libros que rodean tu efigie. Y la ternura… una ternura que me quiero apropiar, pero que es tan tuya que nadie jamás podrá alterarla. ¡Cuánto candor se consume en ese retrato!

 Y entonces pienso que en ese momento yo no había hecho acto de aparición en tu vida. Que quizá esa alegría, esa paz, esa ternura eran pábulo de otros amores. O quizá de la gracia que brinda la libertad; o de la magia que uno tiene cuando es joven. Me pregunto si entonces además de bella eras feliz. Corrijo y me consuelo pensando que ahora también lo eres. ¿Pero si no es así? La simple duda martiriza mis sentidos, yo que tanto te quiero y que no consiento que sufras ningún daño. Dudo, callo, te admiro.

 De pronto esa sonrisa demoledora me devuelve el consuelo robado. Ahí estamos ambos cristalizados en otra imagen. En ella tu inocencia sigue siendo patente. No hay paz, pero la alegría de ambos desborda la habitación. Muy probablemente por ese día soleado que me hace entrecerrar un poco los párpados. Una foto que nos transporta a aquel día, pero que sólo el buen observador es capaz de apreciar la entrada principal del Parque Güell, que apenas se vislumbra. En esta imagen sonríes abiertamente mirando a la cámara; al espectador.

Cada vez que paseo mi mirada por esas imágenes me dices cosas bellas al oído. El amor susurra con delicadeza palabras invisibles que llenan de armonía todos los objetos que rodean nuestra cotidianidad. Nuestro hogar. Y de algo estoy seguro: de que contigo, ahora, todo cobra sentido.

R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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