Pasos… y el mundo del microrrelato

“Hacer un rostro de mármol significa eliminar de la piedra aquello que no es un rostro”

Antón Chéjov, Consejos a un escritor

Después de la poesía, el relato corto es el género que más debe atender a este paralelismo de Chéjov. Todo lo que se escriba debe servir a la historia y el escritor no se puede permitir introducir más elementos que los imprescindibles. Además, ahora cada vez más en boga, los microrrelatos quieren consolidar el arte de la brevedad cuya esencia es una historia latente que el lector tiene que construir bajo las mínimas pautas proporcionadas por el autor. Lo bello, lo ingenioso, no es entonces lo diseñado; es la propuesta creativa que invita a participar, a formar parte, a dejarse llevar sin esfuerzo por los senderos pincelados. Como bien analiza David Lagmanovich  en su ensayo sobre minificciones, “el ejemplo  indiscutido [es] ‘El Dinosaurio’ de Augusto Monterroso”, que con una sola frase de siete palabras (nueve si se incluye el título; parte fundamental de estas obras) consigue un texto narrativo. Aunque es el epítome en su género, no es el único ejemplo de hiperbrevedad. Además, tampoco debería ser determinante convertir la máxima de decir mucho con poco en una competencia por batir récords; fútil tarea sería sacrificar el fondo por la forma. Lo que es indudable es la atención que tanto escritores como autores están poniendo en esta forma de expresión artística.

Sin llegar a la concisión del relato hiperbreve al estilo de Monterroso, Isabel Moreno García opta por explorar estos senderos del microrrelato con su libro Pasos. De hecho, antes de atribuir a sus narraciones el término apelativo de cortedad, deberíamos hablar de ligereza o liviandad. Pues el trabajo que existe detrás de cada uno de sus cuentos, ha conseguido una fluidez de palabras ajenas a lo pretencioso, lo farragoso o lo intelectual. En cada escrito se salvaguarda la belleza, conseguida con un estilo claro y sencillo, pero no poco medido. Isabel se ayuda de un lenguaje poético para mostrarnos la vida de personajes que van y vienen a lo largo del libro en situaciones habituales, pero que cobran un nuevo brío a cada paso: “La circunstancia espoleó su imaginación hasta investir la situación con un halo de magia, como si lo cotidiano se escabullera de su indiferente aspereza”.

De esta forma elementos comunes esconden una importancia que podrían pasar desapercibidos, pero que ella rescata con oportunas metáforas. Así un columpio se convierte en un “sueño de ingravidez y vuelo” o una despedida hace mella en el espíritu al ser descrita como un suceso irreversible: “Por eso, de súbito, volvió la mirada hacia las tazas de té, que aún permanecían calientes sobre la mesa, porque esta vez sintió que le pesaba la ausencia como un destello doloroso y repentino”.

Pasos es una serie de minificciones que recopilan retazos de una vida. Se convierte así en una narración de encuentros, de anécdotas sencillas y asiladas, de conversaciones y tertulias, de emoción por lo vivido y en su conjunto se da pie a que cualquier suceso tenga cabida en ese microuniverso literario. Es una exposición personal donde el autoanálisis confluye incluso en el mundo de los sueños: “Se desplazaba entre los recuerdos que siguieron a la ilusión onírica que habitó en la noche, aunque sabía que la tarea de desciframiento podría prolongarse hasta un momento incierto”. Notas biográficas donde el tedio, la frustración y la catarsis confluyen: “Ya en el estudio, se desplomó exánime en el sillón frente a la mesa. De la reunión previa, conservaba una especie de clamor alusivo a esa extraña fidelidad que empuja a reanudar la obra”. E incluso los objetos y situaciones que pertenecen al personaje sirven de pretexto para la inventiva: “Parte de sí misma impregnaba aquel lugar que, a su vez, le dejaría una huella indeleble”.

Editado por Plaza y Valdés el libro no tiene más de cien páginas y el minimalismo de su edición predispone a esa levedad que Isabel Moreno García propone con sus textos. Los cuentos no exceden más de una página, su lectura, por ende, no llevaría más de una tarde y, sin embargo, algunos relatos invitan a detenerse, a cerrar el libro, a reflexionar y tratar de alargar esa sensación agradable que han producido. Pasos es un libro para tenerlo en la mesilla de noche y tirar de él poco a poco, reencontrarse a uno mismo a través de las palabras y saborear las historias como quien degusta de un diminuto pero excelentísimo aperitivo.

R.III

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