Reflexiones sobre el universo

Hay dos aspectos que me asombran sobre la naturaleza del universo. La primera es que en la actualidad consideramos que éste es homogéneo. Desde el polvo de estrella, hasta la mesa que sostiene el ordenador desde el que leéis estas palabras o, incluso, nosotros mismos; todo se compone de las mismas partículas subatómicas. Hasta donde sabemos, todas ellas son idénticas. Pero su unión forma átomos, estos átomos forman moléculas, de su unión se producen compuestos y así hasta formar sustancias o células, órganos, sistemas… objetos o seres vivos. ¿Qué es lo que ocasiona que esas partículas idénticas formen seres tan distintos? Parafraseando a Ernesto Cardenal: pensar que todo es debido al azar requiere de un acto de fe tan grande como el de pensar que todo es obra de un diseño superior. Quizá lo más prudente sea asumir que esta respuesta no atañe a la mente humana.

 

 

Por otro lado, me encanta la idea de la interrelación de estos objetos en el universo. Según Edward Lorenz (creador de la teoría del caos) todo en el universo está interrelacionado por una concatenación de causas-efectos que lleva a que la alteración más minúscula pueda ocasionar el cambio más significativo. De ahí que el aleteo de una mariposa puede crear un tsunami en el otro lado del mundo. Levantarse diez minutos antes o diez minutos después pude cambiar nuestro día, nuestro año o nuestra vida. Todas las variables que nos rodean participan de forma significativa en nuestro desarrollo. Incluso, con una reflexión intensa se puede seguir el rastro hacia atrás de lo que nos ha llevado a este punto en el que nos encontramos. Lo malo, es que ni el ordenador más potente, podría nunca asumir todas las variables para encaminar el rastreo en sentido contrario y predecir lo que se avecina.

 

Especialmente por esa otra ley de la termodinámica que dice que tendemos a la entropía; o sea, al caos. Cuando un vaso se cae de la mesa y se rompe al estrellarse en el suelo, se desprende una presión, calor, influye en el acto la fuerza de la gravedad, la de fricción, etc. Pues aunque toda esta energía (calor, presión, etc.) la pusiéramos en común, justo en la misma magnitud en la que se produjo cuando el vaso se despedazó, lo cierto es que eso añicos de cristal jamás se unirían y subirían hacia la mesa dejando el vaso intacto.

 

Pero volviendo al tema. Si la teoría que afirma que el universo es homogéneo y la teoría del caso son ciertas ¿por qué nos empeñamos en marcar constantemente diferencias? Estos dos aspectos de la naturaleza nos invitan a pensar que todo lo que hay en el universo, no sólo es idéntico en esencia, sino que además todo está mucho más unido de lo que parece. Por eso es que hay que poner especial cuidado en nuestras acciones para que se encaminen a la protección de todo lo que nos rodea; personas, animales y naturaleza en general. Y para conseguir esto hay que ser humilde. Hay que saber que incluso la acción más insignificante puede revolucionar nuestro entorno. Cuando no sólo entendamos estas dos teorías, sino que las interioricemos, viviremos más en armonía, protegeremos más nuestro hogar (el universo) y, por ende, cuidaremos mejor de nosotros mismos.

R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

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