¡Indignados del mundo!

Las hegemonías gobernantes han aprendido de la historia de la humanidad más de lo que muchas veces creemos. La Revolución Francesa, la Revolución Rusa, los movimientos de independencia y muchos otros alzamientos civiles que se han levantado en contra de sus gobiernos, han enseñado a las cúpulas de poder valiosas lecciones, que han sabido incorporar en sus sistemas, para evitar viejos errores. El grado de pobreza y desamparo de un pueblo tiene un límite. Si los individuos se dan cuenta de que no tienen nada qué perder, es muy probable que incluso pongan en riesgo su vida, con tal de salir de su miseria. ¿Qué ha hecho el nuevo sistema gobernante? Brindar, en apariencia, un mejor bienestar. Una persona que no se esté muriendo de hambre, no se levantará en armas. Pues para ellos siempre será preferible conservar el empleo mediocre, el salario austero, la vivienda endeudada, la mala educación de sus hijos y otros “pequeños lujos”, a perderlos por completo en un enfrentamiento directo contra el sistema. En palabras un poco más filosóficas, la posmodernidad política y económica ha puesto remedio al pathos de la indignación descrita por Marx.

 

Pathos proviene del griego y quiere decir sentimiento. Los individuos pueden estar expuestos a un contexto de desasosiego, sin realmente “sentirlo”. Sin embargo, cuando una persona descubre su ignominia, o sea, la vergüenza o el deshonor que está viviendo ante una injusticia, entonces se llena de indignación (de ahí lo del pathos de la indignación). Quizá su contexto no haya cambiado, pero este sentimiento lo mueve a perseguir –a veces incluso a costa de su vida- una nueva realidad para sí mismo. Me gusta mucho el ejemplo que usa José Pablo Feinmann, en su programa Filosofía Aquí y Ahora, para explicar este concepto. Feinmann recuerda el momento en que María Antonieta de Austria le pregunta a su marido Luis XVI, el por qué del malestar de su pueblo, a lo que él contesta que es porque no tienen “pan”. Y ella, supuestamente responde esa popular (y anacrónica, según Rousseau) frase de: “pues que coman pasteles”. Un pueblo hambriento es peligroso, pero un pueblo hambriento e indignado puede hacer que pierdas la cabeza.

 

Durante el 2011 se han dado muchas protestas sociales a las que se les podría englobar bajo el apelativo de “movimientos de indignados”. Cientos de miles de ciudadanos informados, que se han dado cuenta de que el sistema económico, político y social de la actualidad es ofensivo. Que el enriquecimiento desvergonzado de unos pocos y las decisiones significativas tomadas por políticos corruptos, no se corresponde con el ideal de sociedad que quieren vivir. El levantamiento más popular ha sido el español del 15-M, pero no es un caso aislado. En Arabia Saudí se produjo un apoyo masivo por el caso de  Manal Al Sharif, una mujer que decidió desobedecer la ley que prohíbe en ese país que las mujeres conduzcan un coche; los movimientos espejo del caso español en varias ciudades de Europa y Latinoamérica; las acampadas en ciudades francesas y especialmente en París; los indignados griegos por la crisis financiera que han puesto a más de 100.000 personas en la calle, en contra de los planes de ayuda que han sugerido el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea; las marchas bajo el lema “no más sangre” en contra de las muertes ocasionadas por el problema del narcotráfico en México, las manifestaciones en contra de la reforma educativa en Chile, también con unas cien mil personas reunidas en Santiago de Chile; la semana pasada la concentración Tel Aviv con 200 mil personas y unas 100 mil en las otras localidades de Israel; entre otros casos.

 

Parece que estamos ante un ejemplo práctico de lo descrito por la filosofía del marxismo. Un marxismo no filtrado por aquellas vanguardias que se creyeron dueñas de una verdad ideológica y mancharon la imagen de una gran filosofía (dígase URSS, China, Cuba…). Esta vez el pathos de la indignación está en las personas y con una participación activa de la sociedad. Pero hay varios riesgos que pueden ocasionar que estos indignados se queden en el olvido. La primera se desprende de esta pluralidad, que, por un lado previene el surgimiento de una vanguardia que se corone como líder indiscutible de estos movimientos, pero también representa el reto más grande: la falta de consenso. A esto se le suma, que dentro de una gran variedad de propuestas, lo único que se prima es la idea de “fines”, pero poco se habla de los “medios”. Para el poder establecido es muy fácil compartir dichos fines; ideales que a todos como sociedad nos interesa conseguir, pero si no se planean, trabajan, sugieren y demandan una serie de medios, no se conseguirán más que palmaditas en la espalda y la esperanza de que por nombrar lo deseado, éste se materialice como arte de magia.

Finalmente otro gran problema es la incongruencia. No se puede dar un cambio si exigimos al sistema y a nuestros gobernantes abandonar el abuso, la corrupción, la explotación, etc., y a la vuelta de la esquina nosotros (a una escala inferior) realizamos un acto corrupto, un abuso, etc. Cada uno de nuestros actos en la vida personal y profesional cuenta para producir el cambio. Denunciar los actos facinerosos a nuestro alrededor, no permitir las injusticias que presenciamos en la calle, no dejarnos corromper y que todas y cada una de las acciones que hagamos vayan encaminadas a mejorar nosotros como individuos (para así mejorar como sociedad) no es un mal comienzo. Dejemos pues que el pathos de la indignación guíe nuestra revolución.

R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

2 responses to “¡Indignados del mundo!

  • generacionpost (@generacionpost)

    A principios de Mayo de este año vimos un germen de movimiento civil y totalmente “libre, en el sentido que alejado de los centros de poder institucionalizados en España. Muchos los apoyamos. Tras tres o cuatro torpezas circustanciales por parte del Poder, el movimiento adquirió una notable popularidad. El Pueblo (masas asalariadas y pequeños burgueses) empetizó rápidamente.
    Tras unas semanas vino el desencanto. Sólo envoltorio. Propaganda. Indiferencia ante la acción real y pasión en la pose. El mismo nombre, Indignados, sólo buscaba enlazar con Marx en el subsconsciente colectivo. Tras ello, los hombres de acción que indignados iban a cambiar el mundo, se convirtieron en niñas lloronas que decían NO a todo sin saber articular una palabra entre sollozos. Infrahombres Nietzschianos condenados a extinguirse.
    Hoy el llamado moviemiento indignado ya desfila sin pudor por las calles de España codo con codo con los sindicatos (Poder Institucionalizado) de siempre.
    No os engañéis: No se mueve nada. Pero nada, nada.

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  • Cuando la verdad dejó de ser un valor | Cuando el hoy comienza a ser ayer

    […] Si te ha gustado esta entrada no dejes de visitar: ¡Indignados del mundo! […]

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