Cuidado con lo gratis

Dice el viejo proverbio que “no hay nada gratis en esta vida” y sin embargo, la palabra nos rodea por todos lados. En las tiendas, concesionarios, agencias de viaje, librerías, en carteles, televisión, radio, periódicos, por doquier. Cualquiera viene y te ofrece algo “gratis”, pero lo peor no es eso, lo peor es que nosotros vamos y nos lo creemos. Porque seamos sinceros, la palabrita nos entusiasma, su sola mención nos atrapa y nos hace girar la cabeza: “He oído bien, ha dicho gratis, habrá que ver de qué se trata”. Finalmente, terminamos comprobando que el proverbio tenía razón. De hecho, si atendiéramos un poco más a nuestra experiencia, el simple sonido de las vocales y consonantes que conforman ese concepto debería ponernos los pelos de punta y alertarnos: “Aquí me quieren vender algo… ¡escapa!”, pero no, nunca aprendemos.

 

Los mercados, en cambio, han comprobado muy bien desde hace años la susceptibilidad que tenemos hacia la palabra. Han apreciado que una buena forma de colocarle los productos a sus inteligentísimo clientes es regalándoles un extra de la porción de cualquier mercancía. Por eso no es raro encontrar en los pasillos de un supermercado artículos que ofrecen gratis un porcentaje más de producto: que 10% más de cocacola, que 15% gratis de café, que 5,333% más de nesquik en el envase grande, que 22,23876% más de shampoo… y así podría seguir enumerando jugosas ofertas. Pero de gratis nada, porque a ver quién tiene los tamaños de entrar a una súper con un vaso de leche y servirse de cualquiera de las cientos de latas en exhibición un par de cucharitas de nesquik, bebérselo y largarse. Total, es gratis, ¿no?. Los de los champús lo tiene más fácil, porque nadie se va a llevar un chorrito del producto entre las manos, su chorrito, claro, porque en realidad ese 22,23876% es gratis y uno tendría todo el derecho de llevárselo. Pero no, resulta que sólo es “gratis” esa cantidad de producto si compras el resto, o sea lo que no lo es.

 

Ya estamos muy acostumbrados a este engaño. Nadie se sorprende y mucho menos se enfada. Incluso nos siguen seduciendo esos envases grandes que tienen los extremos superiores de color rojo indicando la medida extra equivalente a ese “20%” que te puedes llevar desvergonzadamente. A veces, me gustaría saber más de matemáticas, ir con una regla y ver si realmente se han tomado la molestia de representar correctamente esa cantidad que supuestamente te regalan. De todas formas este truco publicitario funciona de lo lindo. ¿Pero realmente ese suplemento ha sido gratis? No, una vez que pagas por ello, por poco que sea, ya no lo ha sido. Quizá puedas consolarte pensando que esa vez te ha costado más barato que cuando no te daban ese 20% más de producto, pero no ha sido gratis. Quizá debas admitir que lo único que ha pasado, es que antes te habían visto la cara de idiota y te habían cobrado de más.

 

El mundo capitalista en el que vivimos está hecho para que las cosas “gratis” lo disfruten más aquellos que pueden pagarlo. Por ejemplo, yo nunca he podido viajar “gratis” gracias a los puntos de alguna compañía aérea. Y si esto es así, es porque viajo muy poco. Los que lo hacen con mucha frecuencia, constantemente reciben vuelos sin coste alguno; sólo por su “fidelidad“ (y por el dinero que se dejan en sus otros viajes). Esta fórmula puede aplicarse a cualquier otro producto. Así es, una de esas paradojas del mercado. Que por cierto, está expuesto de otra forma por Ana María Matute en su relato titulado “Los de la tienda”: “A don Marcelino y Doña Asunción, sí se les puede apunta y fiar, porque son ricos. A los de las chabolas, no, porque son pobres”.

 

Incluso aquellas cosas metafísicas que parecen gratis, a veces ocultan oscuras intenciones. Las buenas obras, la ayuda incondicional, el cariño desmedido ¿son siempre lo que aparentan? ¿O ahora nos vamos a creer que todo el mundo es altruista? Este tema, sin duda, da para más. Por ahora simplemente le dejo terminar esta columna creyendo totalmente en su gratuidad…

 

R.III

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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