Los oscuros

“[…] como todos los amantes silenciosos, como todos los oscuros, se aprendió antes los paisajes de su nuca, de su espalda y del dorso de sus muslos, los únicos territorios que podía contemplar sin ser advertida”

Luis G. Martín, “Los oscuros”

Proveniente del latín obscurĭtas, la oscuridad significa ausencia de luz. Aunque esta carencia de iluminación también se puede entender como falta de conocimiento. Por esta razón se habla de una época oscura cuando se hace referencia a la Edad Media o, al contrario, se apunta a una era de amplísimo saber con el periodo conocido como Ilustración (metáfora que se entiende mejor con su acepción inglesa “Enlightenment”). Sin embargo, la oscuridad tiene otra consideración de igual importancia: lo oscuro es lo que permanece oculto. Porque lo umbrío disimula, ampara, esconde y protege, ya no sólo de la luz, sino de lo que se encuentra afuera, aquello que observa y acecha.

 

A los seres humanos les interesa mantener en la sombra aquellos resquicios morales que entrañan su propia naturaleza impura, imperfecta, de exigua ética y escrúpulos… esconden en una palabra su malignidad. Se guardan de tener estos defectos del espíritu a buen recaudo de miradas y sospechas. Así viven acostumbrándose a mantenerlos en lo más hondo de su ser, creyendo que por no verlos algún día desaparecerán. Pasan la vida creyéndose bondadosos o bellos o sanos o felices, pero un día todo se desmorona y el lado oscuro aflora.

 

De estos momentos nos habla Luis G. Martín en su obra Los oscuros. Una compilación de relatos en los que no sólo es latente la oscuridad, sino también la pasión. Quizá es difícil llegar a ser completamente oscuro, si no se ha llegado a alcanzar la luz en una de sus formas más auténticas: el amor. Dentro de los 13 cuentos se encuentran historias estremecedoras donde el común denominador es la aparición de los más inquietantes personajes. Seres desdichados, monstruosos o destrozados por algún negro sino, pero que desprenden una docilidad, incluso ahí donde cometen las perversiones más inimaginables. De esta forma Luis G. Martín consigue un contraste perenne entre: vida y muerte, pasión y delirio, bonanza y tragedia, inocencia y crueldad… parámetros que convierten a sus personajes en seres a la espera de un destino, que en algunos de los casos es la misma fatalidad.

 

Dentro de las tristísimas historias que pueden encontrarse en este libro, existe una luz, tenue en algunos casos, pero suficiente para mostrarnos un esplendor. En eso la física también es concluyente cuando nos explica que la verdadera oscuridad no existe; los cuerpos siempre reflejan partículas luminosas, aunque su frecuencia sea tan baja que el ojo humano no pueda percibirlas. En estos relatos pasa lo mismo: pese a la atrocidad de algunas de las narraciones, es posible descubrir belleza, deleitarse con ella y comprender mejor a esos seres tan parecidos a nosotros: los oscuros.

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

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