>Hay de festejos a festejos

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La cabeza dando vueltas, el estómago ardiendo, el cuerpo frío y el aliento lúgubre. Sin ganas de salir de esa confortable cama; de hecho, sin fuerza para conseguirlo. Los ojos rojos y los cabellos erizos. Empieza la sed incurable; agua, leche, cerveza… nada ayuda con satisfacción. “Mucho festejo hace daño” se piensa y se lamenta todo el alcohol de la noche anterior.

Existen muchas curas para estos efectos producidos por la resaca o “cruda” (como decimos en México): desde esos dos alcazeltzers disueltos en un vaso de agua –tan burbujeantes que dan asco– hasta un desayuno con mucho picante –lo que podría parecer paradójico–. Quizá el mejor remedio es dormir hasta que todo pase. El problema es cuando la juerga te las has pegado un domingo y claro ¡hay gente que trabaja! Así que no queda más remedio que librar esos eternos desafíos: o enfrentarse al tráfico o entrar en el metro a la hora punta, tratar con esas encantadoras personas a las que llamamos “compañeros de trabajo”, pasar los típicos problemas y angustias del día, que esta vez vienen acompañados por el perenne dolor de cabeza. Todo esto, que ya de por sí es penoso cotidianamente, con la sensibilidad producida por los efectos mencionados, hacen que el día se eternice y maldigamos la noche anterior.

Lo peor es que aunado a la “cruda” física viene la “cruda moral”; porque uno hace cosas en la borrachera que hubiera preferido no hacer. Los recuerdos oprimen en ese punto de la conciencia –quizá lo que produce nuestro dolor de cabeza– y se busca borrarlos o por lo menos justificarlos. Desde realizar la llamada sentimental en plena madrugada a esa chica que te gusta y no te hace caso y que después de esto ya no te lo va a hacer, hasta despertar con alguien totalmente desconocido (algunas veces puede estar bien, otras…). Uno puede echarle la culpa al alcohol, pues se sabe bien que la perspectiva de un hombre con determinados mililitros de alcohol en la sangre y uno sobrio es bastante significativa. Sin embargo, esta excusa termina por no funcionar. No se sabe la cantidad de vicisitudes que alguien puede realizar con el ánimo indómito producido por esa “última copa”.

Para terminar de fastidiar el asunto, al despertar y hurgar en los bolsillos se encuentra la fabulosa cantidad de 90 céntimos. ¡Qué rápido se esfumó la paga! Tema especialmente fastidioso cuando se está a mitad del mes. Todo aunado, dan como resultado a un sujeto mal encarado y con una mala leche que daría miedo atravesarse en su camino. O bien aquella persona que entra a la oficina transpirando todavía el olor del vodka ingerido. Alguien que no quiere estar ahí – ¡y que nadie quiere que esté ahí! – realizando un trabajo mal hecho.

Después de todo esto viene la inevitable pregunta: ¿Lo volvería a hacer?

“SÍ, ¡SALUD!

R.III
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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

One response to “>Hay de festejos a festejos

  • Virgilio Sofistófeles

    >Hahahahahaha, hahahahahahahaha, hahahahahhahaha, la llamada borracha, hahahahahahahaha, hahahahahahaha, qué momentos, hahahahahaha, hahahahahahhaUn abrazo, mee! Y justo hoy, ahora, mientras cargaba la compu, pensaba en el único de los "fancy shots" agradable para mí, el vodka tonic, que descubrí contigo, hace la tira de años.hahahahahahahahahahaha. Hablamos hasta de García Márquez, esa bevez, hahahahhahahahahaha.Sí, claro que sí. Salud!hahahahahahahhahaha

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