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No puedo decir que no estoy acostumbrado ya. He tenido que lidiar con la burocracia española ya muchas veces. Es lo que tiene ser inmigrante, qué le vamos a hacer. Sé que siempre que he recibido una nueva tarjeta de residencia me he sentido reconfortado, como quien se quita un peso de encima. Una temporada más de legalidad, ¡qué gusto! Pero aún así, ésta que me acaban de dar hace unos minutos, me proporciona un especial placer. Esta vez sólo he cambiado una tarjeta (todavía vigente) por otra; así que en realidad mi legalidad nunca dejó de ser efectiva. La única diferencia que existe entre un permiso de residencia y otro, es que este nuevo no depende de mi exmujer. Dicho en otras palabras, la posibilidad de permanecer en este país ya no tiene que ver con la condición de estar casado con ella. La separación, ahora también administrativamente, ha comenzado a ser manifiesta.

Diez años de mi vida que cierro mientras guardo en mi cartera la dichosa tarjetita.

Es mayo en Madrid y el día es precioso. Ya hace calor para ser las diez de la mañana. Tengo que volver a trabajar, así que me dirijo a la estación de metro “Aluche”. De las dos elecciones que tengo para volver escojo la más larga. Quiero prolongar esta sensación todo lo que se pueda. Escucho Radio Tres y me gustaría poder atrapar este momento. Hay veces que parece que todos los elementos se ponen de acuerdo para conseguir que nos acerquemos al paroxismo. En este caso la música, la alegría, el cielo azul y los recuerdos, todo, se me agolpa en el espíritu para conseguir este sentimiento. Y son justamente los recuerdos los que me llevan a bajarme en la estación “Carabanchel”, nada más alejado del sitio donde debería estar ahora mismo. Pero me siento con humor para confeccionarme un rito. Salgo de la estación y me dirijo a la calle Manuel Álvarez.

No hay nada de mágico en este rincón, no hay una concordancia mística que me lleve a esta calle, sólo melancolía. En este punto de la ciudad viví hace diez años. Los recovecos de los alrededores me contemplaron; más bien contemplaron a aquel que llegó con fuerza, ilusión y empuje. Hoy es otro el que mira de frente a este espacio geográfico. Un lugar que no podrá devolverme sus impresiones; los sucesos que han pasado por aquí durante mi ausencia, lo que ha cambiado, lo que se mantiene igual, los otros que también se han marchado y los nuevos que aquí han venido. Y sin embargo, en el mutismo de esta calle solitaria, me siento alentado, cobijado y feliz. Qué mejor manera de cerrar una década. Mientras pienso esto comienzo la vuelta al metro. No echo la vista atrás, el ritual ha terminado.

Ya voy muy tarde al trabajo.

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

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