>El reino de los sordos

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Hoy, de camino a casa en el metro, venía absorto escuchando der Tod und das Madchen (La Dama y la Doncella) de Shubert. No es para menos, los audífonos de mi mp3 suenan muy bien, pero sobre todo aíslan mis oídos del ruido exterior. Gran parte del camino lo recorrí con los ojos cerrados. Por un momento dejé de estar en un vagón a 10 metros bajo tierra de la capital Madrileña y viajé a la Sala Nezahualcóyotl (en la Ciudad de México) para escuchar en vivo al Cuarteto Mozart, interpretando una de mis piezas para cuarteto de cuerdas preferido.

Cuando terminó el segundo movimiento (el que más me gusta) abrí los ojos; no tanto para asegurarme de no haberme pasado de estación, sino para confirmar en qué realidad me movía. Claro, seguía en el metro. Alrededor mío (extrañamente) pocas personas. Entonces fue cuando noté que todos los que veníamos en el tren traíamos mp3s, ipods u otros equipos de audio portátil. Cada uno venía ensimismado con la música que escuchaba. Si todos tenían el volumen tan alto como yo, estoy convencido que nadie hubiera atendido a un grito de auxilio o a un terrorista gritando que traía una bomba y que pretendía explotarnos. Estoy convencido que de haber sucedido algo por el estilo permaneceríamos impasibles viviendo nuestro concierto personal.

Cada vez más ajenos al mundo exterior, estamos construyendo el reino de los sordos.

Con los que cada vez más avanzados sistemas portátiles, que ya incluyen video, llegaremos también a hacer este mundo el reino de los ciegos, el de los mudos. O dicho de otra forma: el Reino del Yo. Un yo que sólo tiene los sentidos atentos al exterior en aquellas ocasiones en que uno lo prefiere y escoge. Un yo que le rehúye al mundo y que sólo se abre a él cuando se desconecta de sus sistemas.

Adiós a escuchar indiscretamente a los extraños, adiós a los músicos ambulantes, adiós al sujeto que pide la hora o a la anciana que necesita que la ayuden a cruzar. Sólo se nos presentará un yo en medio de otros yos tan sordos como el nuestro propio. Todos nos seremos indiferentes, pero anhelaremos salir de nuestra soledad sin dejar de escuchar nuestro audio portátil. ¡Vaya felicidad!

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Acerca de Ramón Ortega (tres)

Ramón Ortega III https://unviajepersonal.wordpress.com/acerca-de-mi/ Ver todas las entradas de Ramón Ortega (tres)

3 responses to “>El reino de los sordos

  • Virgilio Sofistófeles

    >¿Ya te leíste al Bradbury, colega? O al Marías, o al Reverte: en definitiva, no es sólo el desatendido llamado de auxilio –no por hipotético menos dramático– mas la mera incapacidad de transcurrir sin necesidad de estimulantes ficticios. Sea porque el mundo se ha vuelto más feo de lo que era, sea porque así lo apreciamos , viendo la decadencia sólo cuando nos ha tocado, ¿qué le sucede a la gente que es incapaz de escucharse a sí misma, y necesita por tanto de un ipod, un emepé, o un walkman? (estos ya casi en desuso en la memoria de tantos, pero aún novedosos y utilísimos para muchos, menos afortunados que otros, exitosos o circunstanciales) En fin, será que de verdad me hago viejo, o será la hora. Pero pienso que, al contrario de lo que dices, no es un reinado del “yo” sino de otro vacío, pues la dicha incapacidad parece ser –y tal vez lo sea– la de estar con uno mismo, compadre.

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  • Anonymous

    >Sí, tienes toda la razón y luego estamos los que oímos mucho más de lo que en realidad nos gustaría escuchar…

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